cine

EL CINE SIEMPRE ESTUVO EN NUESTRA MENTE AL ALCANCE DE LA MANO

jueves, 29 de diciembre de 2011

("PLACERES DESCONOCIDOS".......SUFRIMIENTOS CONOCIDOS)


En el colegio se aprende que la razón por la cual en las excursiones los profesores nos numeraban, era porque existía el temor de que alguno de nosotros se extraviase en un entorno desconocido. El mismo riesgo, parecen correr en esta película los jóvenes de la numerada 6ª generación de China, no sólo de perderse en nuevos espacios, sino de sentirse perdidos en un tiempo de poderosas transformaciones locales y globales.

Jia Zhangke se erige en un testigo plenamente consciente de lo excepcional de estos cambios y de la necesidad de registrarlos en el mismo momento en que se están produciendo, como capsulas de tiempo, sin mención expresa al proceso histórico del cual proceden (tradición milenaria y revolución comunista), ni al incierto horizonte al cual parecen destinados (modernidad y capitalismo no democrático), aunque las tensiones entre ambos son perfectamente reconocibles y determinen la vida de los personajes.

Son múltiples las encrucijadas que van tejiendo las, en apariencia, simples historias de este universo, donde todo se crea y se destruye a tal velocidad, que a sus habitantes no les da ni tiempo a transformarse, quedando atrapados entre un pasado al cual ya no pertenecen y un futuro al que no saben como acceder.
La fórmula empleada por el autor para conseguir transmitir ese efecto de tiempo suspendido es una sabia elección de escenarios propios del documental, en los que sitúa una no menos acertada ficción de dos jóvenes amigos que por la forma de afrontar ese dilema, personifican y materializan en sus diferencias, los dos extremos del mismo paréntesis temporal: 

                                     
PASADO (joven TRADICIONAL en la forma de vestir y peinarse, con una madre trabajadora estatal, montando en bici junto a su pareja formal con la que mantiene conversaciones sobre economía y estudios universitarios y una tensa represión sexual en un edificio con habitaciones donde se va a ver la tele …………… frente a la moda occidental, padre inactivo, montando en moto junto a su pareja sexualmente liberada, bailarina de música pop con la que se relaciona en una habitación de hotel convencional, del joven MODERNO) FUTURO.

En medio de ese paréntesis un montón de puntos en común: conflictos con los padres, paro generalizado, delincuencia, televisión omnipresente vomitando conflictos, megafonía estatal que vende el sueño capitalista y canciones que prometen mitos y placeres desconocidos, en un entorno físico de una ambigüedad desoladora, medio destruido, medio a construir y en una atmósfera contaminada donde paradójicamente el humo de los cigarrillos parece simbolizar lo único auténtico a compartir.

Asistimos a un film donde la sencillez de las imágenes y de los diálogos no oculta un talento inclasificable para dotarles de significado, revelación, sentido, humor y poesía.
Planos memorables que a pesar del abandono y la decadencia aparentes encierran una gran riqueza humana:

- El del viaje en moto de los amantes hacia ninguna parte, por una autopista gigante en construcción y en medio de la nada que parece no tener ni origen ni destino.


- El del vals de “Deseando amar” que sale de una de las habitaciones del edificio donde se cita la pareja políticamente correcta, subraya sutilmente una frase de la canción favorita de los dos enamorados: “el destino separa a los que se quieren de verdad”.
- EL del trayecto en autobús y uno de los besos más tristes de la historia del cine.
- EL de la referencia a sus dos primeras películas en DVD.
- El de los fuegos de artificio celebrando la designación de la sede de las olimpiadas evoca la frase del prestamista: “el arte crea el marco, la economía actúa en él”.
- El del diálogo desesperanzador con la masajista: "el futuro no existe", "aprender a vivir día a día es lo único que podemos hacer".
- EL del patético atraco con la detención del joven tradicional como metáfora del régimen del pasado y con el joven moderno escapando sin rumbo en una moto de estilo occidental que le deja tirado en medio del camino.

                                       

Resuenan los ecos de la humanidad fordiana, del neorrealismo de Rosselini (aunque aquí las ruinas entre las que caminan los personajes no son producto de una guerra contra un enemigo exterior, sino los escombros de una apuesta económica interna), de la habilidad para las críticas veladas del cine de Azcona y Berlanga, de los rebeldes sin causa del cine americano y de la capacidad de observar lo grande en lo pequeño del mejor cine asiático.

Cuando lo viejo no se ha difuminado del todo y lo nuevo no se acaba de manifestar, emerge un momento de indefinición de gran valor dramático y dará igual donde te sientes, siempre tendrás la sensación de vivirlo en primera fila, pues el verdadero milagro chino no es su crecimiento económico, sino el cine de Jia Zhangke.

("PLACERES DESCONOCIDOS".......SUFRIMIENTOS CONOCIDOS)


En el colegio se aprende que la razón por la cual en las excursiones los profesores nos numeraban, era porque existía el temor de que alguno de nosotros se extraviase en un entorno desconocido. El mismo riesgo, parecen correr en esta película los jóvenes de la numerada 6ª generación de China, no sólo de perderse en nuevos espacios, sino de sentirse perdidos en un tiempo de poderosas transformaciones locales y globales.

Jia Zhangke se erige en un testigo plenamente consciente de lo excepcional de estos cambios y de la necesidad de registrarlos en el mismo momento en que se están produciendo, como capsulas de tiempo, sin mención expresa al proceso histórico del cual proceden (tradición milenaria y revolución comunista), ni al incierto horizonte al cual parecen destinados (modernidad y capitalismo no democrático), aunque las tensiones entre ambos son perfectamente reconocibles y determinen la vida de los personajes.

Son múltiples las encrucijadas que van tejiendo las, en apariencia, simples historias de este universo, donde todo se crea y se destruye a tal velocidad, que a sus habitantes no les da ni tiempo a transformarse, quedando atrapados entre un pasado al cual ya no pertenecen y un futuro al que no saben como acceder.
La fórmula empleada por el autor para conseguir transmitir ese efecto de tiempo suspendido es una sabia elección de escenarios propios del documental, en los que sitúa una no menos acertada ficción de dos jóvenes amigos que por la forma de afrontar ese dilema, personifican y materializan en sus diferencias, los dos extremos del mismo paréntesis temporal: 

                                     
PASADO (joven TRADICIONAL en la forma de vestir y peinarse, con una madre trabajadora estatal, montando en bici junto a su pareja formal con la que mantiene conversaciones sobre economía y estudios universitarios y una tensa represión sexual en un edificio con habitaciones donde se va a ver la tele …………… frente a la moda occidental, padre inactivo, montando en moto junto a su pareja sexualmente liberada, bailarina de música pop con la que se relaciona en una habitación de hotel convencional, del joven MODERNO) FUTURO.

En medio de ese paréntesis un montón de puntos en común: conflictos con los padres, paro generalizado, delincuencia, televisión omnipresente vomitando conflictos, megafonía estatal que vende el sueño capitalista y canciones que prometen mitos y placeres desconocidos, en un entorno físico de una ambigüedad desoladora, medio destruido, medio a construir y en una atmósfera contaminada donde paradójicamente el humo de los cigarrillos parece simbolizar lo único auténtico a compartir.

Asistimos a un film donde la sencillez de las imágenes y de los diálogos no oculta un talento inclasificable para dotarles de significado, revelación, sentido, humor y poesía.
Planos memorables que a pesar del abandono y la decadencia aparentes encierran una gran riqueza humana:

- El del viaje en moto de los amantes hacia ninguna parte, por una autopista gigante en construcción y en medio de la nada que parece no tener ni origen ni destino.


- El del vals de “Deseando amar” que sale de una de las habitaciones del edificio donde se cita la pareja políticamente correcta, subraya sutilmente una frase de la canción favorita de los dos enamorados: “el destino separa a los que se quieren de verdad”.
- EL del trayecto en autobús y uno de los besos más tristes de la historia del cine.
- EL de la referencia a sus dos primeras películas en DVD.
- El de los fuegos de artificio celebrando la designación de la sede de las olimpiadas evoca la frase del prestamista: “el arte crea el marco, la economía actúa en él”.
- El del diálogo desesperanzador con la masajista: "el futuro no existe", "aprender a vivir día a día es lo único que podemos hacer".
- EL del patético atraco con la detención del joven tradicional como metáfora del régimen del pasado y con el joven moderno escapando sin rumbo en una moto de estilo occidental que le deja tirado en medio del camino.

                                       

Resuenan los ecos de la humanidad fordiana, del neorrealismo de Rosselini (aunque aquí las ruinas entre las que caminan los personajes no son producto de una guerra contra un enemigo exterior, sino los escombros de una apuesta económica interna), de la habilidad para las críticas veladas del cine de Azcona y Berlanga, de los rebeldes sin causa del cine americano y de la capacidad de observar lo grande en lo pequeño del mejor cine asiático.

Cuando lo viejo no se ha difuminado del todo y lo nuevo no se acaba de manifestar, emerge un momento de indefinición de gran valor dramático y dará igual donde te sientes, siempre tendrás la sensación de vivirlo en primera fila, pues el verdadero milagro chino no es su crecimiento económico, sino el cine de Jia Zhangke.

martes, 9 de agosto de 2011

"FIVE", LA NECESIDAD DEL AZAR


De vez en cuando, se cuela en el circuito cinematográfico, alguna propuesta que reaviva el debate en torno a las cada vez más permeables fronteras entre las distintas formas de expresión audiovisual (ficción, documental, televisión, videojuegos, teatro filmado, video doméstico, animación, video-instalación, etc.), generando un mar de preguntas que cuestionan incluso la propia naturaleza del cine y los confusos límites entre arte e industria.
En ese sentido, “Five” es una de las apuestas más radicales que se han podido ver proyectadas en los últimos tiempos (de hecho no se concibió inicialmente para su exhibición en salas) y es muy probable que no hubiera podido disponer de semejante oportunidad, sino fuera gracias al prestigio internacional ganado anteriormente por su realizador con obras un poco menos arriesgadas.

Kiarostami ya partía en sus inicios de un cine en apariencia sencillo y práctico (que como en “Five”, encerraba ya una compleja propuesta teórica), con pequeñas historias de ficción a las que era capaz de dotar de tensión y realismo con un mínimo de recursos; pero aquí lo lleva al límite, prescindiendo de equipo, actores e historia, despojándose de todo hasta quedarse simplemente con el entorno, observando con paciencia sus cambios casi imperceptibles, seleccionando sus ritmos, a medio camino entre el azar de encontrarlos y la necesidad de buscarlos, los graba y los monta con apenas unos retoques de luz y sonido, en cinco largos planos secuencia que requieren de la misma paciencia y complicidad por parte del espectador.

Se trata de una obra “elemental” y "original" en el sentido más amplio y positivo de los dos términos: elemental porque a parte de su clara vocación de sencillez, juega con los cuatro elementos clásicos: agua (el mar, el estanque, la lluvia), aire (el cielo, el viento), fuego (la luz del sol, el reflejo de la luna) y la tierra (la arena de la playa, el pavimento del paseo), más un quinto: la vida, que atraviesa con cada una de sus manifestaciones (personas, animales y cantos) a los cuatro anteriores. Y original, no sólo por su planteamiento, sino porque es una filmación que nace directamente de esa doble mirada, sensible y comprensiva, en la que radica el origen y la esencia, no sólo del cine, sino de la mente humana.

Se suma, por tanto, a la teoría de que menos es más y que para captar un cambio mínimo hace falta prolongar el plano cinematográfico un determinado máximo, como en una rampa que cuanta más altura queramos alcanzar con ella, más largo tendrá que ser el plano inclinado y la distancia a recorrer, lo cual requiere un tiempo extra que se verá recompensado al final del esfuerzo.

Sin duda, hemos perdido en gran parte esa capacidad de quedarnos absortos viendo el paso de las nubes, las llamas de una hoguera, el fluir del agua en un río, un cielo estrellado o la caída de las hojas en otoño, debido al ritmo frenético y a la saturación inabarcable de imágenes impactantes que nos impone la vida moderna. En “Five” se nos invita a una singular sesión de talasoterapia, a una especie de balneario para los sentidos, donde recuperar esa calma en la mirada, necesaria para retener en la retina la huella del paso del tiempo. Y eso es todo... casi nada.

Si bien, pueda desanimar un planteamiento inicial tan escaso en activos, hay que decir que si se acepta el calculado juego que nos propone su autor, nos sorprenderá descubrir no sólo la belleza, sino el suspense, el humor y la tensión que pueden desprenderse de los pequeños acontecimientos que nos rodean y que subyacen en las coreografías de la Naturaleza. Acostumbrados a verla en el cine convencional como un personaje más que subraya las emociones de los actores, aquí es la protagonista absoluta, capaz de sugerir por sí misma películas y géneros:


SECUENCIA 1ª.” Titanic”. (Melodrama).
El mar quiebra inesperadamente lo que parecía irrompible y dos fragmentos que antes habían estado unidos como amantes, se separan para siempre, uno queda inerte mientras el otro se aleja flotando en las aguas.


SECUENCIA 2ª. “Los lunes al sol”. (Realismo social).
Gente ociosa cruza sus vidas, con el mar y el cielo como telón de fondo.


SECUENCIA 3ª. “Muerte en Venecia”. (Romántico).
En una playa unos seres se observan incapaces de ocultar su excitación, tras sus indolentes movimientos y bajo una intensa luz solar blanca que funde el plano y confunde sus formas.


SECUENCIA 4ª. “Charlot en la playa”. (Comedia).
Esos andares de pato, esas persecuciones hacia un lado y vuelta para el otro, atropellándose, ese irresistible caos.
SECUENCIA 5ª. “La noche del cazador”. (Suspense musical).
En la noche se desliza el frágil reflejo de la luna en el agua como una barca entre la calma y la tormenta, acompañada de los cantos de las ranas, insectos y aves que habitan sus márgenes, hasta que nace un nuevo amanecer, un viejo final y la misma esperanza de siempre.

"FIVE", LA NECESIDAD DEL AZAR


De vez en cuando, se cuela en el circuito cinematográfico, alguna propuesta que reaviva el debate en torno a las cada vez más permeables fronteras entre las distintas formas de expresión audiovisual (ficción, documental, televisión, videojuegos, teatro filmado, video doméstico, animación, video-instalación, etc.), generando un mar de preguntas que cuestionan incluso la propia naturaleza del cine y los confusos límites entre arte e industria.
En ese sentido, “Five” es una de las apuestas más radicales que se han podido ver proyectadas en los últimos tiempos (de hecho no se concibió inicialmente para su exhibición en salas) y es muy probable que no hubiera podido disponer de semejante oportunidad, sino fuera gracias al prestigio internacional ganado anteriormente por su realizador con obras un poco menos arriesgadas.

Kiarostami ya partía en sus inicios de un cine en apariencia sencillo y práctico (que como en “Five”, encerraba ya una compleja propuesta teórica), con pequeñas historias de ficción a las que era capaz de dotar de tensión y realismo con un mínimo de recursos; pero aquí lo lleva al límite, prescindiendo de equipo, actores e historia, despojándose de todo hasta quedarse simplemente con el entorno, observando con paciencia sus cambios casi imperceptibles, seleccionando sus ritmos, a medio camino entre el azar de encontrarlos y la necesidad de buscarlos, los graba y los monta con apenas unos retoques de luz y sonido, en cinco largos planos secuencia que requieren de la misma paciencia y complicidad por parte del espectador.

Se trata de una obra “elemental” y "original" en el sentido más amplio y positivo de los dos términos: elemental porque a parte de su clara vocación de sencillez, juega con los cuatro elementos clásicos: agua (el mar, el estanque, la lluvia), aire (el cielo, el viento), fuego (la luz del sol, el reflejo de la luna) y la tierra (la arena de la playa, el pavimento del paseo), más un quinto: la vida, que atraviesa con cada una de sus manifestaciones (personas, animales y cantos) a los cuatro anteriores. Y original, no sólo por su planteamiento, sino porque es una filmación que nace directamente de esa doble mirada, sensible y comprensiva, en la que radica el origen y la esencia, no sólo del cine, sino de la mente humana.

Se suma, por tanto, a la teoría de que menos es más y que para captar un cambio mínimo hace falta prolongar el plano cinematográfico un determinado máximo, como en una rampa que cuanta más altura queramos alcanzar con ella, más largo tendrá que ser el plano inclinado y la distancia a recorrer, lo cual requiere un tiempo extra que se verá recompensado al final del esfuerzo.

Sin duda, hemos perdido en gran parte esa capacidad de quedarnos absortos viendo el paso de las nubes, las llamas de una hoguera, el fluir del agua en un río, un cielo estrellado o la caída de las hojas en otoño, debido al ritmo frenético y a la saturación inabarcable de imágenes impactantes que nos impone la vida moderna. En “Five” se nos invita a una singular sesión de talasoterapia, a una especie de balneario para los sentidos, donde recuperar esa calma en la mirada, necesaria para retener en la retina la huella del paso del tiempo. Y eso es todo... casi nada.

Si bien, pueda desanimar un planteamiento inicial tan escaso en activos, hay que decir que si se acepta el calculado juego que nos propone su autor, nos sorprenderá descubrir no sólo la belleza, sino el suspense, el humor y la tensión que pueden desprenderse de los pequeños acontecimientos que nos rodean y que subyacen en las coreografías de la Naturaleza. Acostumbrados a verla en el cine convencional como un personaje más que subraya las emociones de los actores, aquí es la protagonista absoluta, capaz de sugerir por sí misma películas y géneros:


SECUENCIA 1ª.” Titanic”. (Melodrama).
El mar quiebra inesperadamente lo que parecía irrompible y dos fragmentos que antes habían estado unidos como amantes, se separan para siempre, uno queda inerte mientras el otro se aleja flotando en las aguas.


SECUENCIA 2ª. “Los lunes al sol”. (Realismo social).
Gente ociosa cruza sus vidas, con el mar y el cielo como telón de fondo.


SECUENCIA 3ª. “Muerte en Venecia”. (Romántico).
En una playa unos seres se observan incapaces de ocultar su excitación, tras sus indolentes movimientos y bajo una intensa luz solar blanca que funde el plano y confunde sus formas.


SECUENCIA 4ª. “Charlot en la playa”. (Comedia).
Esos andares de pato, esas persecuciones hacia un lado y vuelta para el otro, atropellándose, ese irresistible caos.
SECUENCIA 5ª. “La noche del cazador”. (Suspense musical).
En la noche se desliza el frágil reflejo de la luna en el agua como una barca entre la calma y la tormenta, acompañada de los cantos de las ranas, insectos y aves que habitan sus márgenes, hasta que nace un nuevo amanecer, un viejo final y la misma esperanza de siempre.

domingo, 13 de febrero de 2011

"COMO ENTRENAR A TU DRAGON" OCULTO

A mis hijos
Me gustan estas películas valientes que empiezan fuerte, con toda una batalla campal que, como los buenos fuegos artificiales, sabemos que terminará con una traca final aún mayor. En unos primeros minutos fantásticos, llenos de acción, son capaces de ir presentándonos a todos los personajes principales quedando perfectamente "dibujados" en pantalla, y lo logran sin perder en ningún momento el ritmo del enfrentamiento, manteniendo una difícil tensión entre cómica y dramática en un tono que nos va avisando de que estamos ante un trabajo con cualidades de buen cine.

Sabemos que nuestro joven protagonista tiene abiertos varios frentes, tan ancestrales como aquellos que confrontan a generaciones de hombres y dragones: el amor... hacia una joven guerrera, la frustración... por sus límites físicos, la decepción... indisimulada de su poderoso padre, la burla... de sus compañeros de edad, la desconfianza... y sobreprotección de los adultos que le rodean. Cierto, no es capaz de sostener un arma de combate, porque como a Vicky el vikingo, pronto descubrimos que su corazón enamorado, más tenaz que valiente, riega su cerebro en mayor medida que sus músculos y que aún le queda someterse a uno de los retos más grandes de su vida: la primera y vital elección que plantea este film, aquella que nos enfrenta a nuestros mayores miedos, y da la medida de lo que somos y lo que podremos llegar a ser, arriesgándolo todo por una corazonada, demostrando que verdaderamente la inteligencia es emocional. La segunda le llevará a decidir entre el reconocimiento de los demás o el autoconocimiento, entre lo que nos han enseñado o lo que descubrimos por nosotros mismos, entre lo que esperan los demás de nosotros o lo que creemos que es ético o justo.
 
Aunque a veces la distancia entre ellos parezca insalvable, todo adulto lleva dentro de sí un niño, y todo niño oculta un dragón que hay que entrenar, para que le ayude a salvar los obstáculos y no a chocar con todo lo que se le ponga por delante, de la misma forma que un joven lleva un adulto que en algún momento tendría que salir. En el corazón de esta película laten todas estas pulsiones y, como decía, hay un momento decisivo en que parecen detenerse, dándose cita en un mismo escenario todas esas líneas de fuerza; es un instante de gran valía ética y valentía pedagógica, en el que el joven protagonista se debate preso de sus lazos biológicos, familiares y culturales, entre sus viejos anhelos de gloria en la batalla y las nuevas lecciones de solidaridad, en busca de una salida revolucionaria al borde del sacrificio, para luego continuar de una forma más convencional, en una tercera elección ya dentro de la épica heroica, pero sin dejar de mostrarnos detalles de una decidida voluntad de superación tanto individual como colectiva y apostando por los jóvenes como responsables de un difícil, pero necesario y liberador cambio de visión.

En la actualidad, creo que esta película aporta, no sólo, un entretenimiento para distraernos del pesimismo reinante, sino también una lectura positiva de las nuevas relaciones que pueden nacer en tiempos de dificultades, y en la necesidad de arriesgar y dar una oportunidad a los valores que llevamos dentro y que quizás podemos llegar a reconocer en los demás, entrenando nuestros pequeños miedos, aún sabiendo que siempre existirá ese pulso contra el gran monstruo devorador que se esconde en lo más profundo, tras espesas nieblas de desconfianza y desconocimiento.

Sí, esta película basada en el libro infantil de Cressida Cowell, nos habla de valores como la amistad, el esfuerzo en equipo, la aceptación integral del ser querido y la superación de la discapacidad, pero no hay que engañarse, aquí también se viven la aventura y el romanticismo puros, haciéndonos volar al son de una emocionante banda sonora compuesta por John Powell, arriesgando nuestras vidas entre abismos al borde del mar, alcanzando el cielo más allá de las nubes, y arrastrándonos al infierno dentro de la tierra, a lomos de lo más oscuro de la noche que puebla nuestra imaginación y las más antiguas mitologías.

Últimamente en el cine se han visto muchas variantes de alianzas entre jinetes y dragones: la de “Las crónicas de Narnia: la travesía del viajero del alba” o las de “Avatar” que recordaban a las de “Dinotopía”, pero ya en la antigüedad existían simbiosis de esta naturaleza, como en la mitología china donde el dragón simbolizaba ese ser intermediario que posee la doble naturaleza capaz de resolver los opuestos, dominar los cuatro elementos y servir de montura al inmortal Huang-ti para subir al cielo. Los propios vikingos navegaban a lomos de los barcos llamados drakkars (dragones), cuyo mascarón de proa representaba una cabeza de dragón, e incluso en la misma mitología nórdica, héroes como Beowulf o Sigfrido, lucharon contra dragones que custodiaban tesoros.

La riqueza que atesora el dragón protagonista de esta película no está guardada ni en cofres, ni en grutas, sino en su interior, y se abre al contacto de una mano tendida entre el niño que se muere de miedo y curiosidad y el adulto que nace para demostrarnos una vez más el valor de la amistad, y que ésta se encuentra allí donde menos te lo esperas.

"COMO ENTRENAR A TU DRAGON" OCULTO

A mis hijos
Me gustan estas películas valientes que empiezan fuerte, con toda una batalla campal que, como los buenos fuegos artificiales, sabemos que terminará con una traca final aún mayor. En unos primeros minutos fantásticos, llenos de acción, son capaces de ir presentándonos a todos los personajes principales quedando perfectamente "dibujados" en pantalla, y lo logran sin perder en ningún momento el ritmo del enfrentamiento, manteniendo una difícil tensión entre cómica y dramática en un tono que nos va avisando de que estamos ante un trabajo con cualidades de buen cine.

Sabemos que nuestro joven protagonista tiene abiertos varios frentes, tan ancestrales como aquellos que confrontan a generaciones de hombres y dragones: el amor... hacia una joven guerrera, la frustración... por sus límites físicos, la decepción... indisimulada de su poderoso padre, la burla... de sus compañeros de edad, la desconfianza... y sobreprotección de los adultos que le rodean. Cierto, no es capaz de sostener un arma de combate, porque como a Vicky el vikingo, pronto descubrimos que su corazón enamorado, más tenaz que valiente, riega su cerebro en mayor medida que sus músculos y que aún le queda someterse a uno de los retos más grandes de su vida: la primera y vital elección que plantea este film, aquella que nos enfrenta a nuestros mayores miedos, y da la medida de lo que somos y lo que podremos llegar a ser, arriesgándolo todo por una corazonada, demostrando que verdaderamente la inteligencia es emocional. La segunda le llevará a decidir entre el reconocimiento de los demás o el autoconocimiento, entre lo que nos han enseñado o lo que descubrimos por nosotros mismos, entre lo que esperan los demás de nosotros o lo que creemos que es ético o justo.
 
Aunque a veces la distancia entre ellos parezca insalvable, todo adulto lleva dentro de sí un niño, y todo niño oculta un dragón que hay que entrenar, para que le ayude a salvar los obstáculos y no a chocar con todo lo que se le ponga por delante, de la misma forma que un joven lleva un adulto que en algún momento tendría que salir. En el corazón de esta película laten todas estas pulsiones y, como decía, hay un momento decisivo en que parecen detenerse, dándose cita en un mismo escenario todas esas líneas de fuerza; es un instante de gran valía ética y valentía pedagógica, en el que el joven protagonista se debate preso de sus lazos biológicos, familiares y culturales, entre sus viejos anhelos de gloria en la batalla y las nuevas lecciones de solidaridad, en busca de una salida revolucionaria al borde del sacrificio, para luego continuar de una forma más convencional, en una tercera elección ya dentro de la épica heroica, pero sin dejar de mostrarnos detalles de una decidida voluntad de superación tanto individual como colectiva y apostando por los jóvenes como responsables de un difícil, pero necesario y liberador cambio de visión.

En la actualidad, creo que esta película aporta, no sólo, un entretenimiento para distraernos del pesimismo reinante, sino también una lectura positiva de las nuevas relaciones que pueden nacer en tiempos de dificultades, y en la necesidad de arriesgar y dar una oportunidad a los valores que llevamos dentro y que quizás podemos llegar a reconocer en los demás, entrenando nuestros pequeños miedos, aún sabiendo que siempre existirá ese pulso contra el gran monstruo devorador que se esconde en lo más profundo, tras espesas nieblas de desconfianza y desconocimiento.

Sí, esta película basada en el libro infantil de Cressida Cowell, nos habla de valores como la amistad, el esfuerzo en equipo, la aceptación integral del ser querido y la superación de la discapacidad, pero no hay que engañarse, aquí también se viven la aventura y el romanticismo puros, haciéndonos volar al son de una emocionante banda sonora compuesta por John Powell, arriesgando nuestras vidas entre abismos al borde del mar, alcanzando el cielo más allá de las nubes, y arrastrándonos al infierno dentro de la tierra, a lomos de lo más oscuro de la noche que puebla nuestra imaginación y las más antiguas mitologías.

Últimamente en el cine se han visto muchas variantes de alianzas entre jinetes y dragones: la de “Las crónicas de Narnia: la travesía del viajero del alba” o las de “Avatar” que recordaban a las de “Dinotopía”, pero ya en la antigüedad existían simbiosis de esta naturaleza, como en la mitología china donde el dragón simbolizaba ese ser intermediario que posee la doble naturaleza capaz de resolver los opuestos, dominar los cuatro elementos y servir de montura al inmortal Huang-ti para subir al cielo. Los propios vikingos navegaban a lomos de los barcos llamados drakkars (dragones), cuyo mascarón de proa representaba una cabeza de dragón, e incluso en la misma mitología nórdica, héroes como Beowulf o Sigfrido, lucharon contra dragones que custodiaban tesoros.

La riqueza que atesora el dragón protagonista de esta película no está guardada ni en cofres, ni en grutas, sino en su interior, y se abre al contacto de una mano tendida entre el niño que se muere de miedo y curiosidad y el adulto que nace para demostrarnos una vez más el valor de la amistad, y que ésta se encuentra allí donde menos te lo esperas.

martes, 1 de febrero de 2011

"MATCH POINT", SET POINT

En general, el ritmo de producción de la mayoría de los realizadores es bastante desigual por factores que a veces tienen que ver más con la suerte que con el talento, aunque existen algunos cineastas de gran regularidad a la hora de hacer películas, que como las Olimpiadas celebran una cada cuatro años, o como el Europeo de baloncesto, cada dos, pero hay uno que es como los grandes torneos de la historia del tenis con una entrega por año.

Woody es realmente único y después de una larga carrera compitiendo en la moqueta de EE.UU. se decide a probar suerte en otra superficie y en terreno europeo, cambiando la cuna del jazz por la de la ópera, y ciertamente esta película suena diferente y despliega otro tipo de habilidades para los enfrentamientos dramáticos que parecen alejarse de la influyente escuela sueca de Bergman.

Dejando a un lado su potente destreza para ganarse la sonrisa del público, carga todo su juego en los reveses del destino y los golpes del azar, se toma el partido muy en serio, sitúa a Dostoievski como manager en la grada y cede la raqueta a un joven con un estilo más agresivo (realmente muy agresivo) que sabe emplearse físicamente cuando la situación lo requiere, pero que basa su estrategia en una técnica tan depurada como calculada, sin renunciar al juego sucio y a la de suerte de los campeones.

El ritmo de partido es el de las grandes citas, ganando en emoción en cada tanto y deseando ver la repetición de algunos memorables, con intercambio incesante de dilemas impactantes que sólo un ojo de halcón como el de Allen puede situar en la misma línea que divide lo bueno de lo excepcional, consagrándole, una vez más, en el Torneo de Maestros.

Trata de cuestiones que flotan en el aire sobre una red que no está destinada para protegernos de la caída en las tentaciones, sino como divisoria de dilemas morales (bien/mal, fidelidad/infidelidad, culpa/liberación) y existenciales (voluntad/destino, azar/necesidad, éxito/fracaso).Como el resto de esta crítica, que roza el spoiler y cae de su lado.


Woody ya había tratado alguno de estos temas, que dan tanto juego, en "Delitos y Faltas" a finales de los 80, alternando el drama y la comedia con su maestría de siempre y se nota que el director ha tenido reflejos a la hora de actualizarlos. En aquella, el protagonista es un hombre mayor (Martin Landau), de alta posición social, con una amante que empieza a poner en peligro su seguridad familiar y decide eliminarla. Vendría a ser el suegro acomodado de Match Point, que en este nuevo trabajo es simplemente uno más de los que aplauden los éxitos de este lobo sin escrúpulos con piel de cordero, una joven promesa de apariencia encantadora por la que merece la pena apostar.

Pero la mayor diferencia la encuentro en el final de ambos films: Landau ha superado sus conflictos morales, su culpa y desde un desencantado nihilismo contempla el fin del partido; mientras, Jonathan Rhys Meyers no está alegre, ha ganado, simplemente, un Set Point y lo sabe, su partido continúa y ya no domina el juego. Volverá a la misma oficina que le ahoga, a su rutinaria sexualidad, con un hijo que deseaba sólo su mujer y que le recordará irremediablemente al otro, y por ende, a su verdadera pasión, posiblemente junto con algo mucho más asfixiante: el sentimiento de culpa.

Quizás no lo pretendiera Allen, pero su atrevido jugador de tenis después de ganar el Tie-Break, la Muerte súbita, se ha convertido en la pelota. Los que están contentos, ríen y celebran una victoria, mayor de lo que ellos se imaginan, son sus engañados suegros, mujer y cuñados que le han permitido convertirse en lo que ahora es: un padre de familia tradicional burguesa, respetable y preparado para garantizar la continuidad del imperio familiar y los privilegios económicos y culturales de su status social. Los que han perdido, y lo han perdido todo, son su amante y el hijo que llevaba en sus entrañas, aspirantes a nada, perdedores, pero capaces de estimular la naturaleza más vital del protagonista.

A un lado de la pista de juego, el pequeño apartamento de los suburbios de Londres y al otro, el lujoso loft del centro, en medio un abismo y una ventana (la red) a la que se asoma una pelota vacía con mirada perdida, que se encuentra caída del lado de los "triunfadores".

"MATCH POINT", SET POINT

En general, el ritmo de producción de la mayoría de los realizadores es bastante desigual por factores que a veces tienen que ver más con la suerte que con el talento, aunque existen algunos cineastas de gran regularidad a la hora de hacer películas, que como las Olimpiadas celebran una cada cuatro años, o como el Europeo de baloncesto, cada dos, pero hay uno que es como los grandes torneos de la historia del tenis con una entrega por año.

Woody es realmente único y después de una larga carrera compitiendo en la moqueta de EE.UU. se decide a probar suerte en otra superficie y en terreno europeo, cambiando la cuna del jazz por la de la ópera, y ciertamente esta película suena diferente y despliega otro tipo de habilidades para los enfrentamientos dramáticos que parecen alejarse de la influyente escuela sueca de Bergman.

Dejando a un lado su potente destreza para ganarse la sonrisa del público, carga todo su juego en los reveses del destino y los golpes del azar, se toma el partido muy en serio, sitúa a Dostoievski como manager en la grada y cede la raqueta a un joven con un estilo más agresivo (realmente muy agresivo) que sabe emplearse físicamente cuando la situación lo requiere, pero que basa su estrategia en una técnica tan depurada como calculada, sin renunciar al juego sucio y a la de suerte de los campeones.

El ritmo de partido es el de las grandes citas, ganando en emoción en cada tanto y deseando ver la repetición de algunos memorables, con intercambio incesante de dilemas impactantes que sólo un ojo de halcón como el de Allen puede situar en la misma línea que divide lo bueno de lo excepcional, consagrándole, una vez más, en el Torneo de Maestros.

Trata de cuestiones que flotan en el aire sobre una red que no está destinada para protegernos de la caída en las tentaciones, sino como divisoria de dilemas morales (bien/mal, fidelidad/infidelidad, culpa/liberación) y existenciales (voluntad/destino, azar/necesidad, éxito/fracaso).Como el resto de esta crítica, que roza el spoiler y cae de su lado.


Woody ya había tratado alguno de estos temas, que dan tanto juego, en "Delitos y Faltas" a finales de los 80, alternando el drama y la comedia con su maestría de siempre y se nota que el director ha tenido reflejos a la hora de actualizarlos. En aquella, el protagonista es un hombre mayor (Martin Landau), de alta posición social, con una amante que empieza a poner en peligro su seguridad familiar y decide eliminarla. Vendría a ser el suegro acomodado de Match Point, que en este nuevo trabajo es simplemente uno más de los que aplauden los éxitos de este lobo sin escrúpulos con piel de cordero, una joven promesa de apariencia encantadora por la que merece la pena apostar.

Pero la mayor diferencia la encuentro en el final de ambos films: Landau ha superado sus conflictos morales, su culpa y desde un desencantado nihilismo contempla el fin del partido; mientras, Jonathan Rhys Meyers no está alegre, ha ganado, simplemente, un Set Point y lo sabe, su partido continúa y ya no domina el juego. Volverá a la misma oficina que le ahoga, a su rutinaria sexualidad, con un hijo que deseaba sólo su mujer y que le recordará irremediablemente al otro, y por ende, a su verdadera pasión, posiblemente junto con algo mucho más asfixiante: el sentimiento de culpa.

Quizás no lo pretendiera Allen, pero su atrevido jugador de tenis después de ganar el Tie-Break, la Muerte súbita, se ha convertido en la pelota. Los que están contentos, ríen y celebran una victoria, mayor de lo que ellos se imaginan, son sus engañados suegros, mujer y cuñados que le han permitido convertirse en lo que ahora es: un padre de familia tradicional burguesa, respetable y preparado para garantizar la continuidad del imperio familiar y los privilegios económicos y culturales de su status social. Los que han perdido, y lo han perdido todo, son su amante y el hijo que llevaba en sus entrañas, aspirantes a nada, perdedores, pero capaces de estimular la naturaleza más vital del protagonista.

A un lado de la pista de juego, el pequeño apartamento de los suburbios de Londres y al otro, el lujoso loft del centro, en medio un abismo y una ventana (la red) a la que se asoma una pelota vacía con mirada perdida, que se encuentra caída del lado de los "triunfadores".

domingo, 16 de enero de 2011

NEWGRANGE, LA PRIMERA SALA DE PROYECCION CONSTRUIDA POR EL HOMBRE


Irlanda, año 3210a.C., en el Condado de Meath, sobre una colina que domina el Valle del río Boyne, se están repasando los últimos detalles en torno al edificio que alberga las nuevas salas para eventos ceremoniales. Se han empleado muchos recursos, tiempo y esfuerzo en su construcción, los conocimientos más avanzados en su diseño y presenta las últimas novedades tecnológicas. Han sido invitados para su estreno las máximas autoridades, los actores iniciados y el director de la ceremonia.

En la entrada y en las paredes exteriores se han colocado unos murales en los que se anuncian imágenes que forman parte del espectáculo que se podrá ver dentro. Se abre la puerta y van avanzando con tenues luces por el largo pasillo flanqueado por muros con escenas grabadas y terminan acomodándose en la oscuridad de las salas en torno a la cámara central. Fuera se han congregado el resto de la comunidad que ha colaborado en la construcción del edificio y que esperan nerviosos el acontecimiento.

Se apagan las luces, son las 9:54 h. del 21 de diciembre, es la mañana del solsticio de invierno; el sol se eleva sobre el horizonte y el maestro de ceremonias dirige unas palabras a los espectadores mientras abre una pequeña ventana colocada por encima de la puerta de entrada, dando comienzo a la proyección. A las 9:58 h. los rayos solares penetran en el interior y a los 6 minutos alcanzan una  máxima anchura de unos 17 cm. deslizándose por el suelo del pasillo, reflejándose hasta alcanzar a iluminar las pantallas de las cámaras situadas a unos 22 m. de la entrada y animando las secuencias de dinámicas formas geométricas grabadas en ellas. A las 10:04 h. la proyección directa se va apagando y termina a las 10:15 h.

Es fácil imaginar una escena como esta, más propia de un corto de 19 minutos que de una película, y que hoy día se recrea con luz artificial a lo largo de todo el año para disfrute de turistas, pero es imposible acertar como pudo ser realmente aquella primera vez y qué fue lo que impulsó a esas gentes a unir sus fuerzas para erigir semejante monumento. Incluso es posible que la entrada estuviera cerrada por un bloque de piedra y que no hubiera ningún espectador en su interior en el momento del paso de la luz, quizás reservado sólo a los muertos.                                                                                       
Lo que parece seguro es que daban importancia al acontecimiento anual, pues tamaño esfuerzo constructivo sólo permitía disfrutar de la proyección unos cinco días al año, en torno al solsticio de invierno, y en esas fechas y latitudes tampoco estaba garantizada que la salida del sol fuera visible, con lo cual es muy probable que se dieran periodos anuales sin el fenómeno arqueoastronómico.
Pero es de suponer que el éxito de la obra en su conjunto estaría garantizado más allá de las circunstancias metereológicas, y que su valor simbólico era resultado de la suma de distintos aspectos económico-culturales, en torno a la organización de territorios y a la celebración de ciertas ceremonias de cohesión social en torno al monumento, y no sólo de un fenómeno en particular, por muy impresionante que fuese.

Newgrange es un imponente monumento megalítico descubierto a finales del S.XVII, de más de 80 m. de diámetro, bordeado por 97 losas de piedra y un muro formado por piedras de cuarzo blanco y granito, que responde a las características de un túmulo de corredor con cámara cruciforme, en cuya cámara central se alza una cubierta de falsa bóveda de unos 6 m. de altura. Los dos ábsides laterales y el posterior albergan cada uno en su interior un gran cuenco de piedra, dentro de los cuales se encontraron restos de unos cinco individuos que fueron incinerados previamente en el exterior. Fue excavada y reconstruida por Michael J. O´kelly desde principios de los 60 hasta mediados de los 70 y uno de los aspectos que la hacen única es la existencia de esa cámara de cubierta sobre el corredor, que cuenta con dos cubos de cuarcita a modo de puertas, y que permite, una vez abierta, que los rayos del día más corto del año se proyecten en el interior de la construcción. Entre las 25 tumbas que componen el complejo megalítico de la “Curva del Boyne” hay otros dos túmulos, Dowth y Knowth, que compiten en tamaño y decoración con Newgrange, pero carecen de su peculiar dispositivo de iluminación.

No se sabe exactamente quienes fueron sus constructores y aunque este monumento se sitúe cronológicamente en un contexto neolítico de producción agrícola-ganadera, los inicios del megalitismo podrían haber tenido lugar en sociedades cazadoras-recolectoras que vieron incrementar su población y su tendencia al sedentarismo, gracias a un mejor aprovechamiento de los grandes recursos que ofrecían los ecosistemas costeros atlánticos. Pudo existir una herencia paleolítica animista en torno a la madre tierra en el interior de las cuevas naturales, que se funde con las nuevas creencias paganas del culto a los ciclos generadores del sol, la luna y de la fertilidad de la tierra, que trajo consigo la revolución neolítica. Al fin y al cabo, este túmulo se puede interpretar como una cueva y, de hecho, la persona que la descubrió la consideró como tal sin darse cuenta de su verdadera naturaleza.

Tampoco queda claro cual fue su propósito primordial, ni los cambios o coincidencias que debió experimentar su uso con las distintas oleadas de nuevos pobladores. Observatorio astronómico, calendario agrícola, templo de la unión simbólica de las fuerzas generadoras de vida: el sol y la tierra en el día en que un año muere para nacer uno nuevo, tumba de personajes importantes entregados primero al fuego y luego a la luz solar, en el interior de la madre tierra en ritos funerarios de renacimiento a la otra vida… quien sabe. Lo que es seguro es que para la construcción de los edificios más colosales fue necesaria una importante organización social-territorial y un cuerpo de creencias comunes, capaz de garantizar los recursos necesarios y de aglutinar los suficientes efectivos durante largos periodos de tiempo, que daría como resultado un elemento definitorio que serviría como demarcación ancestral del territorio y advertencia de su poder frente a otros pueblos invasores.

Las manifestaciones artísticas en forma de grabados se pueden localizar en las grandes piedras que se encuentran frente a la entrada y en las del perímetro del túmulo, así como en las paredes, suelos y techos del corredor y en las distintas cámaras. Los motivos más frecuentes son las formas espirales, romboidales, círculos y zigzag, siendo el más famoso el de la triple espiral. Elementos dinámicos, dispuestos de forma concéntrica o en oleadas, vinculados al sol, a sus movimientos y a los ciclos de generación y degeneración de la vida.

Todo en Newgrange está cargado de simbolismo, y como la triple espiral iluminada en lo más profundo de su interior la mañana del solsticio de invierno, reúne en su centro una triple muerte y un triple nacimiento: el de un nuevo día, el de un nuevo año y el de una nueva forma de ver el mundo... un poco más precinematográfica.

NEWGRANGE, LA PRIMERA SALA DE PROYECCION CONSTRUIDA POR EL HOMBRE


Irlanda, año 3210a.C., en el Condado de Meath, sobre una colina que domina el Valle del río Boyne, se están repasando los últimos detalles en torno al edificio que alberga las nuevas salas para eventos ceremoniales. Se han empleado muchos recursos, tiempo y esfuerzo en su construcción, los conocimientos más avanzados en su diseño y presenta las últimas novedades tecnológicas. Han sido invitados para su estreno las máximas autoridades, los actores iniciados y el director de la ceremonia.

En la entrada y en las paredes exteriores se han colocado unos murales en los que se anuncian imágenes que forman parte del espectáculo que se podrá ver dentro. Se abre la puerta y van avanzando con tenues luces por el largo pasillo flanqueado por muros con escenas grabadas y terminan acomodándose en la oscuridad de las salas en torno a la cámara central. Fuera se han congregado el resto de la comunidad que ha colaborado en la construcción del edificio y que esperan nerviosos el acontecimiento.

Se apagan las luces, son las 9:54 h. del 21 de diciembre, es la mañana del solsticio de invierno; el sol se eleva sobre el horizonte y el maestro de ceremonias dirige unas palabras a los espectadores mientras abre una pequeña ventana colocada por encima de la puerta de entrada, dando comienzo a la proyección. A las 9:58 h. los rayos solares penetran en el interior y a los 6 minutos alcanzan una  máxima anchura de unos 17 cm. deslizándose por el suelo del pasillo, reflejándose hasta alcanzar a iluminar las pantallas de las cámaras situadas a unos 22 m. de la entrada y animando las secuencias de dinámicas formas geométricas grabadas en ellas. A las 10:04 h. la proyección directa se va apagando y termina a las 10:15 h.

Es fácil imaginar una escena como esta, más propia de un corto de 19 minutos que de una película, y que hoy día se recrea con luz artificial a lo largo de todo el año para disfrute de turistas, pero es imposible acertar como pudo ser realmente aquella primera vez y qué fue lo que impulsó a esas gentes a unir sus fuerzas para erigir semejante monumento. Incluso es posible que la entrada estuviera cerrada por un bloque de piedra y que no hubiera ningún espectador en su interior en el momento del paso de la luz, quizás reservado sólo a los muertos.                                                                                       
Lo que parece seguro es que daban importancia al acontecimiento anual, pues tamaño esfuerzo constructivo sólo permitía disfrutar de la proyección unos cinco días al año, en torno al solsticio de invierno, y en esas fechas y latitudes tampoco estaba garantizada que la salida del sol fuera visible, con lo cual es muy probable que se dieran periodos anuales sin el fenómeno arqueoastronómico.
Pero es de suponer que el éxito de la obra en su conjunto estaría garantizado más allá de las circunstancias metereológicas, y que su valor simbólico era resultado de la suma de distintos aspectos económico-culturales, en torno a la organización de territorios y a la celebración de ciertas ceremonias de cohesión social en torno al monumento, y no sólo de un fenómeno en particular, por muy impresionante que fuese.

Newgrange es un imponente monumento megalítico descubierto a finales del S.XVII, de más de 80 m. de diámetro, bordeado por 97 losas de piedra y un muro formado por piedras de cuarzo blanco y granito, que responde a las características de un túmulo de corredor con cámara cruciforme, en cuya cámara central se alza una cubierta de falsa bóveda de unos 6 m. de altura. Los dos ábsides laterales y el posterior albergan cada uno en su interior un gran cuenco de piedra, dentro de los cuales se encontraron restos de unos cinco individuos que fueron incinerados previamente en el exterior. Fue excavada y reconstruida por Michael J. O´kelly desde principios de los 60 hasta mediados de los 70 y uno de los aspectos que la hacen única es la existencia de esa cámara de cubierta sobre el corredor, que cuenta con dos cubos de cuarcita a modo de puertas, y que permite, una vez abierta, que los rayos del día más corto del año se proyecten en el interior de la construcción. Entre las 25 tumbas que componen el complejo megalítico de la “Curva del Boyne” hay otros dos túmulos, Dowth y Knowth, que compiten en tamaño y decoración con Newgrange, pero carecen de su peculiar dispositivo de iluminación.

No se sabe exactamente quienes fueron sus constructores y aunque este monumento se sitúe cronológicamente en un contexto neolítico de producción agrícola-ganadera, los inicios del megalitismo podrían haber tenido lugar en sociedades cazadoras-recolectoras que vieron incrementar su población y su tendencia al sedentarismo, gracias a un mejor aprovechamiento de los grandes recursos que ofrecían los ecosistemas costeros atlánticos. Pudo existir una herencia paleolítica animista en torno a la madre tierra en el interior de las cuevas naturales, que se funde con las nuevas creencias paganas del culto a los ciclos generadores del sol, la luna y de la fertilidad de la tierra, que trajo consigo la revolución neolítica. Al fin y al cabo, este túmulo se puede interpretar como una cueva y, de hecho, la persona que la descubrió la consideró como tal sin darse cuenta de su verdadera naturaleza.

Tampoco queda claro cual fue su propósito primordial, ni los cambios o coincidencias que debió experimentar su uso con las distintas oleadas de nuevos pobladores. Observatorio astronómico, calendario agrícola, templo de la unión simbólica de las fuerzas generadoras de vida: el sol y la tierra en el día en que un año muere para nacer uno nuevo, tumba de personajes importantes entregados primero al fuego y luego a la luz solar, en el interior de la madre tierra en ritos funerarios de renacimiento a la otra vida… quien sabe. Lo que es seguro es que para la construcción de los edificios más colosales fue necesaria una importante organización social-territorial y un cuerpo de creencias comunes, capaz de garantizar los recursos necesarios y de aglutinar los suficientes efectivos durante largos periodos de tiempo, que daría como resultado un elemento definitorio que serviría como demarcación ancestral del territorio y advertencia de su poder frente a otros pueblos invasores.

Las manifestaciones artísticas en forma de grabados se pueden localizar en las grandes piedras que se encuentran frente a la entrada y en las del perímetro del túmulo, así como en las paredes, suelos y techos del corredor y en las distintas cámaras. Los motivos más frecuentes son las formas espirales, romboidales, círculos y zigzag, siendo el más famoso el de la triple espiral. Elementos dinámicos, dispuestos de forma concéntrica o en oleadas, vinculados al sol, a sus movimientos y a los ciclos de generación y degeneración de la vida.

Todo en Newgrange está cargado de simbolismo, y como la triple espiral iluminada en lo más profundo de su interior la mañana del solsticio de invierno, reúne en su centro una triple muerte y un triple nacimiento: el de un nuevo día, el de un nuevo año y el de una nueva forma de ver el mundo... un poco más precinematográfica.

domingo, 2 de enero de 2011

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 2ª Parte: "ANTICRISTO", EL ARBOL DEL MAL


Reconozco que me cuesta encontrar dentro de esta película su propio título “Anticristo”, pues no es precisamente el componente masculino del mal por excelencia, el protagonista de lo que se nos quiere contar. Sugiere más bien una declaración de intenciones, una referencia al libro del mismo título de Nietzsche (lectura que el mismo reconoce) o una broma más de un director que sabe jugar genialmente con las posibilidades del cine, con los medios de comunicación y con sus incrédulos espectadores.

Es un paciente habituado a las sesiones de psiquiatría o psicología y parece haber aprendido a aplicar algunos de sus mejores trucos en sus trabajos (por ejemplo la hipnosis en “El elemento del crimen” y en “Europa” o las técnicas de psicología cognitiva en “Anticristo”) para terminar haciendo de su obra cinematográfica no sólo una búsqueda incesante de sus posibilidades como medio de expresión artística, sino también de una catarsis: de un espejo donde mirarse, jugar y reconocer sus demonios, o una cierta terapia de grupo con todos aquellos a los que provoca una respuesta.

En este caso y dada la “naturaleza” del film sería mejor clasificarla de exorcismo por sus connotaciones (anti)cristianas, aunque su trasfondo, como yo apuntaba en la 1ª parte de esta critica que dedicaba al film “Avatar”, vaya más allá de la brujería tal como la entendemos hoy en día y alcance a las primeras formas de religión chamánicas con su creencia en la Diosa Madre Naturaleza. Porque sin duda, para bien o para mal, es la mujer la protagonista de esta historia y de esa prehistoria, y en este caso a una Charlotte Gainsbourg inconmensurable, que consigue convencernos que como actriz tampoco es de este mundo, le ha tocado serlo para mal.
Tampoco había muchos más candidatos a protagonista, pues en la mayor parte de la película, como a Eva en el Edén sólo le acompañan Adán (Willem Dafoe en otra de sus milagrosas actuaciones), la naturaleza con su vegetación y sus animales. No voy a entrar en la polémica de una misoginia que el propio director niega, sino en intentar descubrir los trucos que este aprendiz de chamán moderno esconde en la manga sobre el poder de los símbolos que se esconden detrás de un cuento oral, escrito o filmado.

Puede que le haya pasado como al Quijote que después de haberse leído una buena colección de libros de chamanismo y brujería, junto a su peculiar relación con la fe cristiana nórdica, se montara semejante película en la cabeza que no tuviera más remedio que filmarla. Algo de lo cual me alegro, pues vuelve a ser aquel director que además de jugar a provocar es capaz de crear imágenes inimaginables y regalarnos momentos cinematográficos memorables. Algunos de los fragmentos en los que está dividida esta película están entre lo mejor que yo he visto filmado en los últimos años y otros repiten el esquema de pecado-culpa-sacrificio o castigo que ya ha venido probando con anterioridad y que ahora nos lo muestra de forma abiertamente mitológica.

Pero esto no es Pandora, donde las voces hablan a través de las hojas luminosas. En su Edén los muertos guardan silencio prisioneros entre las raíces oscuras de un árbol sin vida, el ARBOL DEL MAL: de la muerte, oscuro, yermo y sin semillas, responsable de la locura de todo aquel que pase bajo su sombra.
Incluso el roble que vive junto a la casa bombardea el tejado con sus bellotas, percutiendo como en el tambor de un chamán, alterando la consciencia de la protagonista (ya poseída por sus estudios de brujería) y le lleva a vivir los trances más amargos de su vida.

(El resto del texto contiene spoiler)

Mientras, el marido psicólogo (la versión científica de las técnicas psicológicas y del uso de drogas ancestrales) debe también padecer las torturas de toda iniciación (dando lugar a las famosas escenas de violencia y sexo sangriento), entrar en la cueva-útero de la Madre Tierra, sufrir una muerte simbólica con dolor, pues debe renacer para sacrificar el mal de la bruja durante la noche y en presencia de tres testigos: el cuervo negro que surge de la tierra y de la cueva, la madre cierva que da luz una cría muerta y el zorro parlante con su cascabel (otro objeto chamánico) que se proyectan como constelaciones en el cielo oscuro de la noche, útero de la Gran Madre Cósmica.
Luego la bruja es quemada en la hoguera y el iniciado es capaz de “ver” en el bosque las almas liberadas por el sacrificio. O puede que yo también esté exorcizando mis propios fantasmas, que no tenga ni pies ni cabeza y que mejor nos iría si Lars Von Trier cambiara de psiquiatra y yo de aficiones.

El por lo menos posee un sentido del humor muy personal que desconcierta las más de las veces, como el hecho de dedicarle el film a Andrei Tarkovsky, que aunque en su película “Sacrificio” aparezca una bruja, es un director con unas señas de identidad en las antípodas de las formas expuestas en este film.
Más que al director ruso la dedicatoria debiera ir dirigida a David Lynch, por muchos motivos, pero especialmente por la asociación de un lugar salvaje con el crimen y la posesión de los personajes por lo maligno que desarrolló en Twin Peaks, que ya influyó al director danés a la hora de crear su serie de culto ”Riget”.

Han pasado años desde la autolesión de “La pianista” de Haneke, decenios desde el corte del ojo de Buñuel, siglos desde la quema de brujas y milenios desde el escándalo del pecado original de Adán y Eva y aún hoy sigue provocando gran rechazo una película como “Anticristo” y una gran aceptación otra como “Avatar”, quizás para que el equilibrio mitológico entre el bien y el mal se mantenga.

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 2ª Parte: "ANTICRISTO", EL ARBOL DEL MAL


Reconozco que me cuesta encontrar dentro de esta película su propio título “Anticristo”, pues no es precisamente el componente masculino del mal por excelencia, el protagonista de lo que se nos quiere contar. Sugiere más bien una declaración de intenciones, una referencia al libro del mismo título de Nietzsche (lectura que el mismo reconoce) o una broma más de un director que sabe jugar genialmente con las posibilidades del cine, con los medios de comunicación y con sus incrédulos espectadores.

Es un paciente habituado a las sesiones de psiquiatría o psicología y parece haber aprendido a aplicar algunos de sus mejores trucos en sus trabajos (por ejemplo la hipnosis en “El elemento del crimen” y en “Europa” o las técnicas de psicología cognitiva en “Anticristo”) para terminar haciendo de su obra cinematográfica no sólo una búsqueda incesante de sus posibilidades como medio de expresión artística, sino también de una catarsis: de un espejo donde mirarse, jugar y reconocer sus demonios, o una cierta terapia de grupo con todos aquellos a los que provoca una respuesta.

En este caso y dada la “naturaleza” del film sería mejor clasificarla de exorcismo por sus connotaciones (anti)cristianas, aunque su trasfondo, como yo apuntaba en la 1ª parte de esta critica que dedicaba al film “Avatar”, vaya más allá de la brujería tal como la entendemos hoy en día y alcance a las primeras formas de religión chamánicas con su creencia en la Diosa Madre Naturaleza. Porque sin duda, para bien o para mal, es la mujer la protagonista de esta historia y de esa prehistoria, y en este caso a una Charlotte Gainsbourg inconmensurable, que consigue convencernos que como actriz tampoco es de este mundo, le ha tocado serlo para mal.
Tampoco había muchos más candidatos a protagonista, pues en la mayor parte de la película, como a Eva en el Edén sólo le acompañan Adán (Willem Dafoe en otra de sus milagrosas actuaciones), la naturaleza con su vegetación y sus animales. No voy a entrar en la polémica de una misoginia que el propio director niega, sino en intentar descubrir los trucos que este aprendiz de chamán moderno esconde en la manga sobre el poder de los símbolos que se esconden detrás de un cuento oral, escrito o filmado.

Puede que le haya pasado como al Quijote que después de haberse leído una buena colección de libros de chamanismo y brujería, junto a su peculiar relación con la fe cristiana nórdica, se montara semejante película en la cabeza que no tuviera más remedio que filmarla. Algo de lo cual me alegro, pues vuelve a ser aquel director que además de jugar a provocar es capaz de crear imágenes inimaginables y regalarnos momentos cinematográficos memorables. Algunos de los fragmentos en los que está dividida esta película están entre lo mejor que yo he visto filmado en los últimos años y otros repiten el esquema de pecado-culpa-sacrificio o castigo que ya ha venido probando con anterioridad y que ahora nos lo muestra de forma abiertamente mitológica.

Pero esto no es Pandora, donde las voces hablan a través de las hojas luminosas. En su Edén los muertos guardan silencio prisioneros entre las raíces oscuras de un árbol sin vida, el ARBOL DEL MAL: de la muerte, oscuro, yermo y sin semillas, responsable de la locura de todo aquel que pase bajo su sombra.
Incluso el roble que vive junto a la casa bombardea el tejado con sus bellotas, percutiendo como en el tambor de un chamán, alterando la consciencia de la protagonista (ya poseída por sus estudios de brujería) y le lleva a vivir los trances más amargos de su vida.

(El resto del texto contiene spoiler)

Mientras, el marido psicólogo (la versión científica de las técnicas psicológicas y del uso de drogas ancestrales) debe también padecer las torturas de toda iniciación (dando lugar a las famosas escenas de violencia y sexo sangriento), entrar en la cueva-útero de la Madre Tierra, sufrir una muerte simbólica con dolor, pues debe renacer para sacrificar el mal de la bruja durante la noche y en presencia de tres testigos: el cuervo negro que surge de la tierra y de la cueva, la madre cierva que da luz una cría muerta y el zorro parlante con su cascabel (otro objeto chamánico) que se proyectan como constelaciones en el cielo oscuro de la noche, útero de la Gran Madre Cósmica.
Luego la bruja es quemada en la hoguera y el iniciado es capaz de “ver” en el bosque las almas liberadas por el sacrificio. O puede que yo también esté exorcizando mis propios fantasmas, que no tenga ni pies ni cabeza y que mejor nos iría si Lars Von Trier cambiara de psiquiatra y yo de aficiones.

El por lo menos posee un sentido del humor muy personal que desconcierta las más de las veces, como el hecho de dedicarle el film a Andrei Tarkovsky, que aunque en su película “Sacrificio” aparezca una bruja, es un director con unas señas de identidad en las antípodas de las formas expuestas en este film.
Más que al director ruso la dedicatoria debiera ir dirigida a David Lynch, por muchos motivos, pero especialmente por la asociación de un lugar salvaje con el crimen y la posesión de los personajes por lo maligno que desarrolló en Twin Peaks, que ya influyó al director danés a la hora de crear su serie de culto ”Riget”.

Han pasado años desde la autolesión de “La pianista” de Haneke, decenios desde el corte del ojo de Buñuel, siglos desde la quema de brujas y milenios desde el escándalo del pecado original de Adán y Eva y aún hoy sigue provocando gran rechazo una película como “Anticristo” y una gran aceptación otra como “Avatar”, quizás para que el equilibrio mitológico entre el bien y el mal se mantenga.

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 1ª Parte: "AVATAR", EL ARBOL DEL BIEN


Cabe preguntarse si se puede aportar, a estas alturas, algo más que no se haya dicho, escrito o grabado en cualquier formato sobre la película mejor vendida de la historia del cine. Me temo que no, y que seguramente no haya mucho más que añadir al debate en torno a su valor cinematográfico, pero algo parecido pudo haberse cuestionado J. Cameron, o al menos así lo formularon los medios, cuando planeaba recrear un nuevo escenario para una vieja historia, ¿sería capaz de desarrollar la técnica lo suficiente como para dar con algo que pudiera suponer un antes y un después en el cine?

Es incuestionable que ha conseguido un espectacular desarrollo de la tecnología digital en 3D, pero yo creo que más que de revolución debiéramos hablar de evolución (y que cada uno le otorgue el grado que crea conveniente), por lo menos para la industria que parecía vivir momentos de cierto estancamiento técnico e involución mediática, creativa y económica. En cuanto a su importancia como precursora de una nueva forma de entender el lenguaje del cine, pienso que nunca ha sido el objetivo de su director plantearse “El acorazado Potemkin” o el “Ciudadano Kane” del Siglo XXI, sino más bien hacer realidad un sueño personal, con su estilo personal. Y es precisamente a nivel de los sueños y de los mitos donde debiéramos buscar las razones del éxito de este director, de esta película y de muchas de películas de éxito universal ("Matrix", “El Señor de los anillos”), en su capacidad de materializar los ideales inconscientes universales a través de unos medios técnicos que facilitan su verosimilitud y la absorción inmediata por parte del espectador.

El poder de seducción de Avatar reside en esa acertada fusión entre dos de los fenómenos que más fascinación despiertan en la especie humana desde la noche de los tiempos: la tecnología y el relato mágico-mitológico. Nos encantan los inventos de última generación y que nos cuenten historias, y el cine representa la forma de expresión donde mejor conviven y prosperan juntas dichas experiencias, y explica el triunfo del cine a nivel popular sobre las demás artes.

Otro ejemplo del feliz encuentro entre técnica y simbología fue “La guerra de las Galaxias” de G. Lucas, con un cambio cualitativo a nivel de efectos especiales y una declarada fuente de inspiración mitológica como es el libro “El héroe de las mil caras” de J. Campbell.

Tanto "Star Wars" como "Avatar" escenifican el enfrentamiento entre el héroe de leyenda y las fuerzas del mal que quieren romper la armonía de sus universos y lo hacen al estilo de "David y Goliat", otro mito bíblico. Pero siempre ha existido otro tipo de héroe anónimo sosteniendo un tercer gran pilar innovador sobre el que se ha erigido otro tipo de mito cinematográfico, que en alguna ocasión sí ha conseguido revolucionar el cine, cambiando simplemente la forma de escoger y presentar las imágenes, sacando a la calle las cámaras para filmar el drama de lo cotidiano como en el neorrealismo italiano, o por volver a la ciencia ficción la inaprensible “Solaris” de A. Tarkovsky que supone también un viaje físico a otro planeta mental, sin efectos especiales (apenas dos trucos rudimentarios) y sin el más mínimo gesto de heroicidad.

Está claro que no es este el pilar que sostiene a “Avatar”, estamos en la fábrica de sueños USA, en una de sus más grandes producciones, así que cabía esperar que aplicaran la fórmula que les ha permitido conquistar el mercado internacional, respetando unos “principios” de calidad en el mínimo detalle y en el máximo gasto, aplicando unos “medios” lo más espectaculares posibles y por supuesto un “final” made in Hollywood. Así que esta película proyecta sobre la pantalla una historia sencilla, previsible y con parecidos razonables con otros films, y lo hace de tal forma que todos aquellos que consigan traspasarla entrarán literalmente en otro mundo y los demás se quedarán fuera.

No es un relato original, pero si universal y juegan con esta baza: su capacidad para remover el trasfondo mitológico donde se encuentran los arquetipos que los humanos llevamos grabados a fuego en nuestros genes culturales, ese fuego de las hogueras alrededor del cual se transmitían de forma oral los relatos que daban cohesión y sentido al grupo (como el de la unión con el alado Toruk) y que ahora hemos sustituido por todo tipo de pantallas donde se actualizan esos cuentos a través de películas y series.

En Pandora destaca como eje central de todo el tejido de creencias en torno a la Madre Tierra su avatar, el árbol sagrado, símbolo común a todas las culturas, en este caso, ARBOL DEL BIEN: de la vida, luminoso, fértil, con semillas espirituales, catalizador de la vida que le rodea y bajo el cual se dan cita lo masculino-femenino y los rituales sagrados de iniciación del héroe (para llegar a “ver”) conducidos por la mujer-madre chamán, que funciona como mediadora entre lo sagrado y su pueblo.
Pero es un árbol que comparte la doble naturaleza de la Madre Tierra, que da y quita la vida, y aunque ya se manifiesta su influencia en la lucha por la supervivencia en este film, si queremos ver desplegado todo el poder de su lado oscuro, conviene más arriesgarse en un film de la naturaleza del  “Anticristo” de L. V. Trier.

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 1ª Parte: "AVATAR", EL ARBOL DEL BIEN


Cabe preguntarse si se puede aportar, a estas alturas, algo más que no se haya dicho, escrito o grabado en cualquier formato sobre la película mejor vendida de la historia del cine. Me temo que no, y que seguramente no haya mucho más que añadir al debate en torno a su valor cinematográfico, pero algo parecido pudo haberse cuestionado J. Cameron, o al menos así lo formularon los medios, cuando planeaba recrear un nuevo escenario para una vieja historia, ¿sería capaz de desarrollar la técnica lo suficiente como para dar con algo que pudiera suponer un antes y un después en el cine?

Es incuestionable que ha conseguido un espectacular desarrollo de la tecnología digital en 3D, pero yo creo que más que de revolución debiéramos hablar de evolución (y que cada uno le otorgue el grado que crea conveniente), por lo menos para la industria que parecía vivir momentos de cierto estancamiento técnico e involución mediática, creativa y económica. En cuanto a su importancia como precursora de una nueva forma de entender el lenguaje del cine, pienso que nunca ha sido el objetivo de su director plantearse “El acorazado Potemkin” o el “Ciudadano Kane” del Siglo XXI, sino más bien hacer realidad un sueño personal, con su estilo personal. Y es precisamente a nivel de los sueños y de los mitos donde debiéramos buscar las razones del éxito de este director, de esta película y de muchas de películas de éxito universal ("Matrix", “El Señor de los anillos”), en su capacidad de materializar los ideales inconscientes universales a través de unos medios técnicos que facilitan su verosimilitud y la absorción inmediata por parte del espectador.

El poder de seducción de Avatar reside en esa acertada fusión entre dos de los fenómenos que más fascinación despiertan en la especie humana desde la noche de los tiempos: la tecnología y el relato mágico-mitológico. Nos encantan los inventos de última generación y que nos cuenten historias, y el cine representa la forma de expresión donde mejor conviven y prosperan juntas dichas experiencias, y explica el triunfo del cine a nivel popular sobre las demás artes.

Otro ejemplo del feliz encuentro entre técnica y simbología fue “La guerra de las Galaxias” de G. Lucas, con un cambio cualitativo a nivel de efectos especiales y una declarada fuente de inspiración mitológica como es el libro “El héroe de las mil caras” de J. Campbell.

Tanto "Star Wars" como "Avatar" escenifican el enfrentamiento entre el héroe de leyenda y las fuerzas del mal que quieren romper la armonía de sus universos y lo hacen al estilo de "David y Goliat", otro mito bíblico. Pero siempre ha existido otro tipo de héroe anónimo sosteniendo un tercer gran pilar innovador sobre el que se ha erigido otro tipo de mito cinematográfico, que en alguna ocasión sí ha conseguido revolucionar el cine, cambiando simplemente la forma de escoger y presentar las imágenes, sacando a la calle las cámaras para filmar el drama de lo cotidiano como en el neorrealismo italiano, o por volver a la ciencia ficción la inaprensible “Solaris” de A. Tarkovsky que supone también un viaje físico a otro planeta mental, sin efectos especiales (apenas dos trucos rudimentarios) y sin el más mínimo gesto de heroicidad.

Está claro que no es este el pilar que sostiene a “Avatar”, estamos en la fábrica de sueños USA, en una de sus más grandes producciones, así que cabía esperar que aplicaran la fórmula que les ha permitido conquistar el mercado internacional, respetando unos “principios” de calidad en el mínimo detalle y en el máximo gasto, aplicando unos “medios” lo más espectaculares posibles y por supuesto un “final” made in Hollywood. Así que esta película proyecta sobre la pantalla una historia sencilla, previsible y con parecidos razonables con otros films, y lo hace de tal forma que todos aquellos que consigan traspasarla entrarán literalmente en otro mundo y los demás se quedarán fuera.

No es un relato original, pero si universal y juegan con esta baza: su capacidad para remover el trasfondo mitológico donde se encuentran los arquetipos que los humanos llevamos grabados a fuego en nuestros genes culturales, ese fuego de las hogueras alrededor del cual se transmitían de forma oral los relatos que daban cohesión y sentido al grupo (como el de la unión con el alado Toruk) y que ahora hemos sustituido por todo tipo de pantallas donde se actualizan esos cuentos a través de películas y series.

En Pandora destaca como eje central de todo el tejido de creencias en torno a la Madre Tierra su avatar, el árbol sagrado, símbolo común a todas las culturas, en este caso, ARBOL DEL BIEN: de la vida, luminoso, fértil, con semillas espirituales, catalizador de la vida que le rodea y bajo el cual se dan cita lo masculino-femenino y los rituales sagrados de iniciación del héroe (para llegar a “ver”) conducidos por la mujer-madre chamán, que funciona como mediadora entre lo sagrado y su pueblo.
Pero es un árbol que comparte la doble naturaleza de la Madre Tierra, que da y quita la vida, y aunque ya se manifiesta su influencia en la lucha por la supervivencia en este film, si queremos ver desplegado todo el poder de su lado oscuro, conviene más arriesgarse en un film de la naturaleza del  “Anticristo” de L. V. Trier.