cine

EL CINE SIEMPRE ESTUVO EN NUESTRA MENTE AL ALCANCE DE LA MANO

domingo, 16 de enero de 2011

NEWGRANGE, LA PRIMERA SALA DE PROYECCION CONSTRUIDA POR EL HOMBRE


Irlanda, año 3210a.C., en el Condado de Meath, sobre una colina que domina el Valle del río Boyne, se están repasando los últimos detalles en torno al edificio que alberga las nuevas salas para eventos ceremoniales. Se han empleado muchos recursos, tiempo y esfuerzo en su construcción, los conocimientos más avanzados en su diseño y presenta las últimas novedades tecnológicas. Han sido invitados para su estreno las máximas autoridades, los actores iniciados y el director de la ceremonia.

En la entrada y en las paredes exteriores se han colocado unos murales en los que se anuncian imágenes que forman parte del espectáculo que se podrá ver dentro. Se abre la puerta y van avanzando con tenues luces por el largo pasillo flanqueado por muros con escenas grabadas y terminan acomodándose en la oscuridad de las salas en torno a la cámara central. Fuera se han congregado el resto de la comunidad que ha colaborado en la construcción del edificio y que esperan nerviosos el acontecimiento.

Se apagan las luces, son las 9:54 h. del 21 de diciembre, es la mañana del solsticio de invierno; el sol se eleva sobre el horizonte y el maestro de ceremonias dirige unas palabras a los espectadores mientras abre una pequeña ventana colocada por encima de la puerta de entrada, dando comienzo a la proyección. A las 9:58 h. los rayos solares penetran en el interior y a los 6 minutos alcanzan una  máxima anchura de unos 17 cm. deslizándose por el suelo del pasillo, reflejándose hasta alcanzar a iluminar las pantallas de las cámaras situadas a unos 22 m. de la entrada y animando las secuencias de dinámicas formas geométricas grabadas en ellas. A las 10:04 h. la proyección directa se va apagando y termina a las 10:15 h.

Es fácil imaginar una escena como esta, más propia de un corto de 19 minutos que de una película, y que hoy día se recrea con luz artificial a lo largo de todo el año para disfrute de turistas, pero es imposible acertar como pudo ser realmente aquella primera vez y qué fue lo que impulsó a esas gentes a unir sus fuerzas para erigir semejante monumento. Incluso es posible que la entrada estuviera cerrada por un bloque de piedra y que no hubiera ningún espectador en su interior en el momento del paso de la luz, quizás reservado sólo a los muertos.                                                                                       
Lo que parece seguro es que daban importancia al acontecimiento anual, pues tamaño esfuerzo constructivo sólo permitía disfrutar de la proyección unos cinco días al año, en torno al solsticio de invierno, y en esas fechas y latitudes tampoco estaba garantizada que la salida del sol fuera visible, con lo cual es muy probable que se dieran periodos anuales sin el fenómeno arqueoastronómico.
Pero es de suponer que el éxito de la obra en su conjunto estaría garantizado más allá de las circunstancias metereológicas, y que su valor simbólico era resultado de la suma de distintos aspectos económico-culturales, en torno a la organización de territorios y a la celebración de ciertas ceremonias de cohesión social en torno al monumento, y no sólo de un fenómeno en particular, por muy impresionante que fuese.

Newgrange es un imponente monumento megalítico descubierto a finales del S.XVII, de más de 80 m. de diámetro, bordeado por 97 losas de piedra y un muro formado por piedras de cuarzo blanco y granito, que responde a las características de un túmulo de corredor con cámara cruciforme, en cuya cámara central se alza una cubierta de falsa bóveda de unos 6 m. de altura. Los dos ábsides laterales y el posterior albergan cada uno en su interior un gran cuenco de piedra, dentro de los cuales se encontraron restos de unos cinco individuos que fueron incinerados previamente en el exterior. Fue excavada y reconstruida por Michael J. O´kelly desde principios de los 60 hasta mediados de los 70 y uno de los aspectos que la hacen única es la existencia de esa cámara de cubierta sobre el corredor, que cuenta con dos cubos de cuarcita a modo de puertas, y que permite, una vez abierta, que los rayos del día más corto del año se proyecten en el interior de la construcción. Entre las 25 tumbas que componen el complejo megalítico de la “Curva del Boyne” hay otros dos túmulos, Dowth y Knowth, que compiten en tamaño y decoración con Newgrange, pero carecen de su peculiar dispositivo de iluminación.

No se sabe exactamente quienes fueron sus constructores y aunque este monumento se sitúe cronológicamente en un contexto neolítico de producción agrícola-ganadera, los inicios del megalitismo podrían haber tenido lugar en sociedades cazadoras-recolectoras que vieron incrementar su población y su tendencia al sedentarismo, gracias a un mejor aprovechamiento de los grandes recursos que ofrecían los ecosistemas costeros atlánticos. Pudo existir una herencia paleolítica animista en torno a la madre tierra en el interior de las cuevas naturales, que se funde con las nuevas creencias paganas del culto a los ciclos generadores del sol, la luna y de la fertilidad de la tierra, que trajo consigo la revolución neolítica. Al fin y al cabo, este túmulo se puede interpretar como una cueva y, de hecho, la persona que la descubrió la consideró como tal sin darse cuenta de su verdadera naturaleza.

Tampoco queda claro cual fue su propósito primordial, ni los cambios o coincidencias que debió experimentar su uso con las distintas oleadas de nuevos pobladores. Observatorio astronómico, calendario agrícola, templo de la unión simbólica de las fuerzas generadoras de vida: el sol y la tierra en el día en que un año muere para nacer uno nuevo, tumba de personajes importantes entregados primero al fuego y luego a la luz solar, en el interior de la madre tierra en ritos funerarios de renacimiento a la otra vida… quien sabe. Lo que es seguro es que para la construcción de los edificios más colosales fue necesaria una importante organización social-territorial y un cuerpo de creencias comunes, capaz de garantizar los recursos necesarios y de aglutinar los suficientes efectivos durante largos periodos de tiempo, que daría como resultado un elemento definitorio que serviría como demarcación ancestral del territorio y advertencia de su poder frente a otros pueblos invasores.

Las manifestaciones artísticas en forma de grabados se pueden localizar en las grandes piedras que se encuentran frente a la entrada y en las del perímetro del túmulo, así como en las paredes, suelos y techos del corredor y en las distintas cámaras. Los motivos más frecuentes son las formas espirales, romboidales, círculos y zigzag, siendo el más famoso el de la triple espiral. Elementos dinámicos, dispuestos de forma concéntrica o en oleadas, vinculados al sol, a sus movimientos y a los ciclos de generación y degeneración de la vida.

Todo en Newgrange está cargado de simbolismo, y como la triple espiral iluminada en lo más profundo de su interior la mañana del solsticio de invierno, reúne en su centro una triple muerte y un triple nacimiento: el de un nuevo día, el de un nuevo año y el de una nueva forma de ver el mundo... un poco más precinematográfica.

NEWGRANGE, LA PRIMERA SALA DE PROYECCION CONSTRUIDA POR EL HOMBRE


Irlanda, año 3210a.C., en el Condado de Meath, sobre una colina que domina el Valle del río Boyne, se están repasando los últimos detalles en torno al edificio que alberga las nuevas salas para eventos ceremoniales. Se han empleado muchos recursos, tiempo y esfuerzo en su construcción, los conocimientos más avanzados en su diseño y presenta las últimas novedades tecnológicas. Han sido invitados para su estreno las máximas autoridades, los actores iniciados y el director de la ceremonia.

En la entrada y en las paredes exteriores se han colocado unos murales en los que se anuncian imágenes que forman parte del espectáculo que se podrá ver dentro. Se abre la puerta y van avanzando con tenues luces por el largo pasillo flanqueado por muros con escenas grabadas y terminan acomodándose en la oscuridad de las salas en torno a la cámara central. Fuera se han congregado el resto de la comunidad que ha colaborado en la construcción del edificio y que esperan nerviosos el acontecimiento.

Se apagan las luces, son las 9:54 h. del 21 de diciembre, es la mañana del solsticio de invierno; el sol se eleva sobre el horizonte y el maestro de ceremonias dirige unas palabras a los espectadores mientras abre una pequeña ventana colocada por encima de la puerta de entrada, dando comienzo a la proyección. A las 9:58 h. los rayos solares penetran en el interior y a los 6 minutos alcanzan una  máxima anchura de unos 17 cm. deslizándose por el suelo del pasillo, reflejándose hasta alcanzar a iluminar las pantallas de las cámaras situadas a unos 22 m. de la entrada y animando las secuencias de dinámicas formas geométricas grabadas en ellas. A las 10:04 h. la proyección directa se va apagando y termina a las 10:15 h.

Es fácil imaginar una escena como esta, más propia de un corto de 19 minutos que de una película, y que hoy día se recrea con luz artificial a lo largo de todo el año para disfrute de turistas, pero es imposible acertar como pudo ser realmente aquella primera vez y qué fue lo que impulsó a esas gentes a unir sus fuerzas para erigir semejante monumento. Incluso es posible que la entrada estuviera cerrada por un bloque de piedra y que no hubiera ningún espectador en su interior en el momento del paso de la luz, quizás reservado sólo a los muertos.                                                                                       
Lo que parece seguro es que daban importancia al acontecimiento anual, pues tamaño esfuerzo constructivo sólo permitía disfrutar de la proyección unos cinco días al año, en torno al solsticio de invierno, y en esas fechas y latitudes tampoco estaba garantizada que la salida del sol fuera visible, con lo cual es muy probable que se dieran periodos anuales sin el fenómeno arqueoastronómico.
Pero es de suponer que el éxito de la obra en su conjunto estaría garantizado más allá de las circunstancias metereológicas, y que su valor simbólico era resultado de la suma de distintos aspectos económico-culturales, en torno a la organización de territorios y a la celebración de ciertas ceremonias de cohesión social en torno al monumento, y no sólo de un fenómeno en particular, por muy impresionante que fuese.

Newgrange es un imponente monumento megalítico descubierto a finales del S.XVII, de más de 80 m. de diámetro, bordeado por 97 losas de piedra y un muro formado por piedras de cuarzo blanco y granito, que responde a las características de un túmulo de corredor con cámara cruciforme, en cuya cámara central se alza una cubierta de falsa bóveda de unos 6 m. de altura. Los dos ábsides laterales y el posterior albergan cada uno en su interior un gran cuenco de piedra, dentro de los cuales se encontraron restos de unos cinco individuos que fueron incinerados previamente en el exterior. Fue excavada y reconstruida por Michael J. O´kelly desde principios de los 60 hasta mediados de los 70 y uno de los aspectos que la hacen única es la existencia de esa cámara de cubierta sobre el corredor, que cuenta con dos cubos de cuarcita a modo de puertas, y que permite, una vez abierta, que los rayos del día más corto del año se proyecten en el interior de la construcción. Entre las 25 tumbas que componen el complejo megalítico de la “Curva del Boyne” hay otros dos túmulos, Dowth y Knowth, que compiten en tamaño y decoración con Newgrange, pero carecen de su peculiar dispositivo de iluminación.

No se sabe exactamente quienes fueron sus constructores y aunque este monumento se sitúe cronológicamente en un contexto neolítico de producción agrícola-ganadera, los inicios del megalitismo podrían haber tenido lugar en sociedades cazadoras-recolectoras que vieron incrementar su población y su tendencia al sedentarismo, gracias a un mejor aprovechamiento de los grandes recursos que ofrecían los ecosistemas costeros atlánticos. Pudo existir una herencia paleolítica animista en torno a la madre tierra en el interior de las cuevas naturales, que se funde con las nuevas creencias paganas del culto a los ciclos generadores del sol, la luna y de la fertilidad de la tierra, que trajo consigo la revolución neolítica. Al fin y al cabo, este túmulo se puede interpretar como una cueva y, de hecho, la persona que la descubrió la consideró como tal sin darse cuenta de su verdadera naturaleza.

Tampoco queda claro cual fue su propósito primordial, ni los cambios o coincidencias que debió experimentar su uso con las distintas oleadas de nuevos pobladores. Observatorio astronómico, calendario agrícola, templo de la unión simbólica de las fuerzas generadoras de vida: el sol y la tierra en el día en que un año muere para nacer uno nuevo, tumba de personajes importantes entregados primero al fuego y luego a la luz solar, en el interior de la madre tierra en ritos funerarios de renacimiento a la otra vida… quien sabe. Lo que es seguro es que para la construcción de los edificios más colosales fue necesaria una importante organización social-territorial y un cuerpo de creencias comunes, capaz de garantizar los recursos necesarios y de aglutinar los suficientes efectivos durante largos periodos de tiempo, que daría como resultado un elemento definitorio que serviría como demarcación ancestral del territorio y advertencia de su poder frente a otros pueblos invasores.

Las manifestaciones artísticas en forma de grabados se pueden localizar en las grandes piedras que se encuentran frente a la entrada y en las del perímetro del túmulo, así como en las paredes, suelos y techos del corredor y en las distintas cámaras. Los motivos más frecuentes son las formas espirales, romboidales, círculos y zigzag, siendo el más famoso el de la triple espiral. Elementos dinámicos, dispuestos de forma concéntrica o en oleadas, vinculados al sol, a sus movimientos y a los ciclos de generación y degeneración de la vida.

Todo en Newgrange está cargado de simbolismo, y como la triple espiral iluminada en lo más profundo de su interior la mañana del solsticio de invierno, reúne en su centro una triple muerte y un triple nacimiento: el de un nuevo día, el de un nuevo año y el de una nueva forma de ver el mundo... un poco más precinematográfica.

domingo, 2 de enero de 2011

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 2ª Parte: "ANTICRISTO", EL ARBOL DEL MAL


Reconozco que me cuesta encontrar dentro de esta película su propio título “Anticristo”, pues no es precisamente el componente masculino del mal por excelencia, el protagonista de lo que se nos quiere contar. Sugiere más bien una declaración de intenciones, una referencia al libro del mismo título de Nietzsche (lectura que el mismo reconoce) o una broma más de un director que sabe jugar genialmente con las posibilidades del cine, con los medios de comunicación y con sus incrédulos espectadores.

Es un paciente habituado a las sesiones de psiquiatría o psicología y parece haber aprendido a aplicar algunos de sus mejores trucos en sus trabajos (por ejemplo la hipnosis en “El elemento del crimen” y en “Europa” o las técnicas de psicología cognitiva en “Anticristo”) para terminar haciendo de su obra cinematográfica no sólo una búsqueda incesante de sus posibilidades como medio de expresión artística, sino también de una catarsis: de un espejo donde mirarse, jugar y reconocer sus demonios, o una cierta terapia de grupo con todos aquellos a los que provoca una respuesta.

En este caso y dada la “naturaleza” del film sería mejor clasificarla de exorcismo por sus connotaciones (anti)cristianas, aunque su trasfondo, como yo apuntaba en la 1ª parte de esta critica que dedicaba al film “Avatar”, vaya más allá de la brujería tal como la entendemos hoy en día y alcance a las primeras formas de religión chamánicas con su creencia en la Diosa Madre Naturaleza. Porque sin duda, para bien o para mal, es la mujer la protagonista de esta historia y de esa prehistoria, y en este caso a una Charlotte Gainsbourg inconmensurable, que consigue convencernos que como actriz tampoco es de este mundo, le ha tocado serlo para mal.
Tampoco había muchos más candidatos a protagonista, pues en la mayor parte de la película, como a Eva en el Edén sólo le acompañan Adán (Willem Dafoe en otra de sus milagrosas actuaciones), la naturaleza con su vegetación y sus animales. No voy a entrar en la polémica de una misoginia que el propio director niega, sino en intentar descubrir los trucos que este aprendiz de chamán moderno esconde en la manga sobre el poder de los símbolos que se esconden detrás de un cuento oral, escrito o filmado.

Puede que le haya pasado como al Quijote que después de haberse leído una buena colección de libros de chamanismo y brujería, junto a su peculiar relación con la fe cristiana nórdica, se montara semejante película en la cabeza que no tuviera más remedio que filmarla. Algo de lo cual me alegro, pues vuelve a ser aquel director que además de jugar a provocar es capaz de crear imágenes inimaginables y regalarnos momentos cinematográficos memorables. Algunos de los fragmentos en los que está dividida esta película están entre lo mejor que yo he visto filmado en los últimos años y otros repiten el esquema de pecado-culpa-sacrificio o castigo que ya ha venido probando con anterioridad y que ahora nos lo muestra de forma abiertamente mitológica.

Pero esto no es Pandora, donde las voces hablan a través de las hojas luminosas. En su Edén los muertos guardan silencio prisioneros entre las raíces oscuras de un árbol sin vida, el ARBOL DEL MAL: de la muerte, oscuro, yermo y sin semillas, responsable de la locura de todo aquel que pase bajo su sombra.
Incluso el roble que vive junto a la casa bombardea el tejado con sus bellotas, percutiendo como en el tambor de un chamán, alterando la consciencia de la protagonista (ya poseída por sus estudios de brujería) y le lleva a vivir los trances más amargos de su vida.

(El resto del texto contiene spoiler)

Mientras, el marido psicólogo (la versión científica de las técnicas psicológicas y del uso de drogas ancestrales) debe también padecer las torturas de toda iniciación (dando lugar a las famosas escenas de violencia y sexo sangriento), entrar en la cueva-útero de la Madre Tierra, sufrir una muerte simbólica con dolor, pues debe renacer para sacrificar el mal de la bruja durante la noche y en presencia de tres testigos: el cuervo negro que surge de la tierra y de la cueva, la madre cierva que da luz una cría muerta y el zorro parlante con su cascabel (otro objeto chamánico) que se proyectan como constelaciones en el cielo oscuro de la noche, útero de la Gran Madre Cósmica.
Luego la bruja es quemada en la hoguera y el iniciado es capaz de “ver” en el bosque las almas liberadas por el sacrificio. O puede que yo también esté exorcizando mis propios fantasmas, que no tenga ni pies ni cabeza y que mejor nos iría si Lars Von Trier cambiara de psiquiatra y yo de aficiones.

El por lo menos posee un sentido del humor muy personal que desconcierta las más de las veces, como el hecho de dedicarle el film a Andrei Tarkovsky, que aunque en su película “Sacrificio” aparezca una bruja, es un director con unas señas de identidad en las antípodas de las formas expuestas en este film.
Más que al director ruso la dedicatoria debiera ir dirigida a David Lynch, por muchos motivos, pero especialmente por la asociación de un lugar salvaje con el crimen y la posesión de los personajes por lo maligno que desarrolló en Twin Peaks, que ya influyó al director danés a la hora de crear su serie de culto ”Riget”.

Han pasado años desde la autolesión de “La pianista” de Haneke, decenios desde el corte del ojo de Buñuel, siglos desde la quema de brujas y milenios desde el escándalo del pecado original de Adán y Eva y aún hoy sigue provocando gran rechazo una película como “Anticristo” y una gran aceptación otra como “Avatar”, quizás para que el equilibrio mitológico entre el bien y el mal se mantenga.

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 2ª Parte: "ANTICRISTO", EL ARBOL DEL MAL


Reconozco que me cuesta encontrar dentro de esta película su propio título “Anticristo”, pues no es precisamente el componente masculino del mal por excelencia, el protagonista de lo que se nos quiere contar. Sugiere más bien una declaración de intenciones, una referencia al libro del mismo título de Nietzsche (lectura que el mismo reconoce) o una broma más de un director que sabe jugar genialmente con las posibilidades del cine, con los medios de comunicación y con sus incrédulos espectadores.

Es un paciente habituado a las sesiones de psiquiatría o psicología y parece haber aprendido a aplicar algunos de sus mejores trucos en sus trabajos (por ejemplo la hipnosis en “El elemento del crimen” y en “Europa” o las técnicas de psicología cognitiva en “Anticristo”) para terminar haciendo de su obra cinematográfica no sólo una búsqueda incesante de sus posibilidades como medio de expresión artística, sino también de una catarsis: de un espejo donde mirarse, jugar y reconocer sus demonios, o una cierta terapia de grupo con todos aquellos a los que provoca una respuesta.

En este caso y dada la “naturaleza” del film sería mejor clasificarla de exorcismo por sus connotaciones (anti)cristianas, aunque su trasfondo, como yo apuntaba en la 1ª parte de esta critica que dedicaba al film “Avatar”, vaya más allá de la brujería tal como la entendemos hoy en día y alcance a las primeras formas de religión chamánicas con su creencia en la Diosa Madre Naturaleza. Porque sin duda, para bien o para mal, es la mujer la protagonista de esta historia y de esa prehistoria, y en este caso a una Charlotte Gainsbourg inconmensurable, que consigue convencernos que como actriz tampoco es de este mundo, le ha tocado serlo para mal.
Tampoco había muchos más candidatos a protagonista, pues en la mayor parte de la película, como a Eva en el Edén sólo le acompañan Adán (Willem Dafoe en otra de sus milagrosas actuaciones), la naturaleza con su vegetación y sus animales. No voy a entrar en la polémica de una misoginia que el propio director niega, sino en intentar descubrir los trucos que este aprendiz de chamán moderno esconde en la manga sobre el poder de los símbolos que se esconden detrás de un cuento oral, escrito o filmado.

Puede que le haya pasado como al Quijote que después de haberse leído una buena colección de libros de chamanismo y brujería, junto a su peculiar relación con la fe cristiana nórdica, se montara semejante película en la cabeza que no tuviera más remedio que filmarla. Algo de lo cual me alegro, pues vuelve a ser aquel director que además de jugar a provocar es capaz de crear imágenes inimaginables y regalarnos momentos cinematográficos memorables. Algunos de los fragmentos en los que está dividida esta película están entre lo mejor que yo he visto filmado en los últimos años y otros repiten el esquema de pecado-culpa-sacrificio o castigo que ya ha venido probando con anterioridad y que ahora nos lo muestra de forma abiertamente mitológica.

Pero esto no es Pandora, donde las voces hablan a través de las hojas luminosas. En su Edén los muertos guardan silencio prisioneros entre las raíces oscuras de un árbol sin vida, el ARBOL DEL MAL: de la muerte, oscuro, yermo y sin semillas, responsable de la locura de todo aquel que pase bajo su sombra.
Incluso el roble que vive junto a la casa bombardea el tejado con sus bellotas, percutiendo como en el tambor de un chamán, alterando la consciencia de la protagonista (ya poseída por sus estudios de brujería) y le lleva a vivir los trances más amargos de su vida.

(El resto del texto contiene spoiler)

Mientras, el marido psicólogo (la versión científica de las técnicas psicológicas y del uso de drogas ancestrales) debe también padecer las torturas de toda iniciación (dando lugar a las famosas escenas de violencia y sexo sangriento), entrar en la cueva-útero de la Madre Tierra, sufrir una muerte simbólica con dolor, pues debe renacer para sacrificar el mal de la bruja durante la noche y en presencia de tres testigos: el cuervo negro que surge de la tierra y de la cueva, la madre cierva que da luz una cría muerta y el zorro parlante con su cascabel (otro objeto chamánico) que se proyectan como constelaciones en el cielo oscuro de la noche, útero de la Gran Madre Cósmica.
Luego la bruja es quemada en la hoguera y el iniciado es capaz de “ver” en el bosque las almas liberadas por el sacrificio. O puede que yo también esté exorcizando mis propios fantasmas, que no tenga ni pies ni cabeza y que mejor nos iría si Lars Von Trier cambiara de psiquiatra y yo de aficiones.

El por lo menos posee un sentido del humor muy personal que desconcierta las más de las veces, como el hecho de dedicarle el film a Andrei Tarkovsky, que aunque en su película “Sacrificio” aparezca una bruja, es un director con unas señas de identidad en las antípodas de las formas expuestas en este film.
Más que al director ruso la dedicatoria debiera ir dirigida a David Lynch, por muchos motivos, pero especialmente por la asociación de un lugar salvaje con el crimen y la posesión de los personajes por lo maligno que desarrolló en Twin Peaks, que ya influyó al director danés a la hora de crear su serie de culto ”Riget”.

Han pasado años desde la autolesión de “La pianista” de Haneke, decenios desde el corte del ojo de Buñuel, siglos desde la quema de brujas y milenios desde el escándalo del pecado original de Adán y Eva y aún hoy sigue provocando gran rechazo una película como “Anticristo” y una gran aceptación otra como “Avatar”, quizás para que el equilibrio mitológico entre el bien y el mal se mantenga.

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 1ª Parte: "AVATAR", EL ARBOL DEL BIEN


Cabe preguntarse si se puede aportar, a estas alturas, algo más que no se haya dicho, escrito o grabado en cualquier formato sobre la película mejor vendida de la historia del cine. Me temo que no, y que seguramente no haya mucho más que añadir al debate en torno a su valor cinematográfico, pero algo parecido pudo haberse cuestionado J. Cameron, o al menos así lo formularon los medios, cuando planeaba recrear un nuevo escenario para una vieja historia, ¿sería capaz de desarrollar la técnica lo suficiente como para dar con algo que pudiera suponer un antes y un después en el cine?

Es incuestionable que ha conseguido un espectacular desarrollo de la tecnología digital en 3D, pero yo creo que más que de revolución debiéramos hablar de evolución (y que cada uno le otorgue el grado que crea conveniente), por lo menos para la industria que parecía vivir momentos de cierto estancamiento técnico e involución mediática, creativa y económica. En cuanto a su importancia como precursora de una nueva forma de entender el lenguaje del cine, pienso que nunca ha sido el objetivo de su director plantearse “El acorazado Potemkin” o el “Ciudadano Kane” del Siglo XXI, sino más bien hacer realidad un sueño personal, con su estilo personal. Y es precisamente a nivel de los sueños y de los mitos donde debiéramos buscar las razones del éxito de este director, de esta película y de muchas de películas de éxito universal ("Matrix", “El Señor de los anillos”), en su capacidad de materializar los ideales inconscientes universales a través de unos medios técnicos que facilitan su verosimilitud y la absorción inmediata por parte del espectador.

El poder de seducción de Avatar reside en esa acertada fusión entre dos de los fenómenos que más fascinación despiertan en la especie humana desde la noche de los tiempos: la tecnología y el relato mágico-mitológico. Nos encantan los inventos de última generación y que nos cuenten historias, y el cine representa la forma de expresión donde mejor conviven y prosperan juntas dichas experiencias, y explica el triunfo del cine a nivel popular sobre las demás artes.

Otro ejemplo del feliz encuentro entre técnica y simbología fue “La guerra de las Galaxias” de G. Lucas, con un cambio cualitativo a nivel de efectos especiales y una declarada fuente de inspiración mitológica como es el libro “El héroe de las mil caras” de J. Campbell.

Tanto "Star Wars" como "Avatar" escenifican el enfrentamiento entre el héroe de leyenda y las fuerzas del mal que quieren romper la armonía de sus universos y lo hacen al estilo de "David y Goliat", otro mito bíblico. Pero siempre ha existido otro tipo de héroe anónimo sosteniendo un tercer gran pilar innovador sobre el que se ha erigido otro tipo de mito cinematográfico, que en alguna ocasión sí ha conseguido revolucionar el cine, cambiando simplemente la forma de escoger y presentar las imágenes, sacando a la calle las cámaras para filmar el drama de lo cotidiano como en el neorrealismo italiano, o por volver a la ciencia ficción la inaprensible “Solaris” de A. Tarkovsky que supone también un viaje físico a otro planeta mental, sin efectos especiales (apenas dos trucos rudimentarios) y sin el más mínimo gesto de heroicidad.

Está claro que no es este el pilar que sostiene a “Avatar”, estamos en la fábrica de sueños USA, en una de sus más grandes producciones, así que cabía esperar que aplicaran la fórmula que les ha permitido conquistar el mercado internacional, respetando unos “principios” de calidad en el mínimo detalle y en el máximo gasto, aplicando unos “medios” lo más espectaculares posibles y por supuesto un “final” made in Hollywood. Así que esta película proyecta sobre la pantalla una historia sencilla, previsible y con parecidos razonables con otros films, y lo hace de tal forma que todos aquellos que consigan traspasarla entrarán literalmente en otro mundo y los demás se quedarán fuera.

No es un relato original, pero si universal y juegan con esta baza: su capacidad para remover el trasfondo mitológico donde se encuentran los arquetipos que los humanos llevamos grabados a fuego en nuestros genes culturales, ese fuego de las hogueras alrededor del cual se transmitían de forma oral los relatos que daban cohesión y sentido al grupo (como el de la unión con el alado Toruk) y que ahora hemos sustituido por todo tipo de pantallas donde se actualizan esos cuentos a través de películas y series.

En Pandora destaca como eje central de todo el tejido de creencias en torno a la Madre Tierra su avatar, el árbol sagrado, símbolo común a todas las culturas, en este caso, ARBOL DEL BIEN: de la vida, luminoso, fértil, con semillas espirituales, catalizador de la vida que le rodea y bajo el cual se dan cita lo masculino-femenino y los rituales sagrados de iniciación del héroe (para llegar a “ver”) conducidos por la mujer-madre chamán, que funciona como mediadora entre lo sagrado y su pueblo.
Pero es un árbol que comparte la doble naturaleza de la Madre Tierra, que da y quita la vida, y aunque ya se manifiesta su influencia en la lucha por la supervivencia en este film, si queremos ver desplegado todo el poder de su lado oscuro, conviene más arriesgarse en un film de la naturaleza del  “Anticristo” de L. V. Trier.

EL ARBOL DEL BIEN Y DEL MAL. 1ª Parte: "AVATAR", EL ARBOL DEL BIEN


Cabe preguntarse si se puede aportar, a estas alturas, algo más que no se haya dicho, escrito o grabado en cualquier formato sobre la película mejor vendida de la historia del cine. Me temo que no, y que seguramente no haya mucho más que añadir al debate en torno a su valor cinematográfico, pero algo parecido pudo haberse cuestionado J. Cameron, o al menos así lo formularon los medios, cuando planeaba recrear un nuevo escenario para una vieja historia, ¿sería capaz de desarrollar la técnica lo suficiente como para dar con algo que pudiera suponer un antes y un después en el cine?

Es incuestionable que ha conseguido un espectacular desarrollo de la tecnología digital en 3D, pero yo creo que más que de revolución debiéramos hablar de evolución (y que cada uno le otorgue el grado que crea conveniente), por lo menos para la industria que parecía vivir momentos de cierto estancamiento técnico e involución mediática, creativa y económica. En cuanto a su importancia como precursora de una nueva forma de entender el lenguaje del cine, pienso que nunca ha sido el objetivo de su director plantearse “El acorazado Potemkin” o el “Ciudadano Kane” del Siglo XXI, sino más bien hacer realidad un sueño personal, con su estilo personal. Y es precisamente a nivel de los sueños y de los mitos donde debiéramos buscar las razones del éxito de este director, de esta película y de muchas de películas de éxito universal ("Matrix", “El Señor de los anillos”), en su capacidad de materializar los ideales inconscientes universales a través de unos medios técnicos que facilitan su verosimilitud y la absorción inmediata por parte del espectador.

El poder de seducción de Avatar reside en esa acertada fusión entre dos de los fenómenos que más fascinación despiertan en la especie humana desde la noche de los tiempos: la tecnología y el relato mágico-mitológico. Nos encantan los inventos de última generación y que nos cuenten historias, y el cine representa la forma de expresión donde mejor conviven y prosperan juntas dichas experiencias, y explica el triunfo del cine a nivel popular sobre las demás artes.

Otro ejemplo del feliz encuentro entre técnica y simbología fue “La guerra de las Galaxias” de G. Lucas, con un cambio cualitativo a nivel de efectos especiales y una declarada fuente de inspiración mitológica como es el libro “El héroe de las mil caras” de J. Campbell.

Tanto "Star Wars" como "Avatar" escenifican el enfrentamiento entre el héroe de leyenda y las fuerzas del mal que quieren romper la armonía de sus universos y lo hacen al estilo de "David y Goliat", otro mito bíblico. Pero siempre ha existido otro tipo de héroe anónimo sosteniendo un tercer gran pilar innovador sobre el que se ha erigido otro tipo de mito cinematográfico, que en alguna ocasión sí ha conseguido revolucionar el cine, cambiando simplemente la forma de escoger y presentar las imágenes, sacando a la calle las cámaras para filmar el drama de lo cotidiano como en el neorrealismo italiano, o por volver a la ciencia ficción la inaprensible “Solaris” de A. Tarkovsky que supone también un viaje físico a otro planeta mental, sin efectos especiales (apenas dos trucos rudimentarios) y sin el más mínimo gesto de heroicidad.

Está claro que no es este el pilar que sostiene a “Avatar”, estamos en la fábrica de sueños USA, en una de sus más grandes producciones, así que cabía esperar que aplicaran la fórmula que les ha permitido conquistar el mercado internacional, respetando unos “principios” de calidad en el mínimo detalle y en el máximo gasto, aplicando unos “medios” lo más espectaculares posibles y por supuesto un “final” made in Hollywood. Así que esta película proyecta sobre la pantalla una historia sencilla, previsible y con parecidos razonables con otros films, y lo hace de tal forma que todos aquellos que consigan traspasarla entrarán literalmente en otro mundo y los demás se quedarán fuera.

No es un relato original, pero si universal y juegan con esta baza: su capacidad para remover el trasfondo mitológico donde se encuentran los arquetipos que los humanos llevamos grabados a fuego en nuestros genes culturales, ese fuego de las hogueras alrededor del cual se transmitían de forma oral los relatos que daban cohesión y sentido al grupo (como el de la unión con el alado Toruk) y que ahora hemos sustituido por todo tipo de pantallas donde se actualizan esos cuentos a través de películas y series.

En Pandora destaca como eje central de todo el tejido de creencias en torno a la Madre Tierra su avatar, el árbol sagrado, símbolo común a todas las culturas, en este caso, ARBOL DEL BIEN: de la vida, luminoso, fértil, con semillas espirituales, catalizador de la vida que le rodea y bajo el cual se dan cita lo masculino-femenino y los rituales sagrados de iniciación del héroe (para llegar a “ver”) conducidos por la mujer-madre chamán, que funciona como mediadora entre lo sagrado y su pueblo.
Pero es un árbol que comparte la doble naturaleza de la Madre Tierra, que da y quita la vida, y aunque ya se manifiesta su influencia en la lucha por la supervivencia en este film, si queremos ver desplegado todo el poder de su lado oscuro, conviene más arriesgarse en un film de la naturaleza del  “Anticristo” de L. V. Trier.